El hombre más buscado: El actor más añorado

El hombre más buscado | El penúltimo trabajo del fallecido Philip Seymour Hoffman como jefe de un grupo antiterrorista en Hamburgo es otra muestra de su tremendo talento.

Este hecho puede oscurecer o minimizar el mérito de una película mucho mejor de lo que cabría esperar, con una atmósfera logradísima. Los críticos recurrimos con frecuencia a ese concepto para explicar la importancia que tiene para que una historia funcione, fluya e impacte; o para que se estropee, atasque y deje indiferente.

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El holandés Corbjin ha logrado que su historia tenga una atmósfera muy atractiva que hace que los 121 minutos de metraje se sigan con gran interés. La novela de John le Carré tiene menos tonterías existencialistas de escritor encantado de conocerse (el artículo que ha escrito para promocionar la película es un batiburillo de tópicos sensibleros, lugares comunes y autocomplacencia) que otras de sus obras recientes y, sin duda, eso ayuda a que la película sea estremecedora, apasionante, de un realismo turbador (aunque entenderé al que considere que Corbjin no es un buen director, porque no lo es)

El guión del australiano Andrew Bovell (Lantana) sabe llevar una operación compleja, con muchas ramificaciones, con un entramado financiero trascendental porque aunque se pueda olvidar en las películas el dinero es fundamental en el terrorismo. La historia prescinde de subtramas y con esa decisión da un vigor muy grande al trabajo de los espías, que aparecen desprovistos de la parafernalia habitual, son gente común, que como parece lógico no llaman la atención, pasan desapercibidos.

Los espías de la película son gente cansada, ojerosa, rutinaria, con un grado de descontento que se reafirma  tras cada entrevista con los jefes o los colegas americanos (formidables las secuencias de Hoffman con Robin Wrihgt y Rainer Bock): espías que están sobre el alambre, sabiendo que se juegan su red, sus confidentes, sus inflitrados.

Pocas veces el cine ha logrado retratar de esta manera tan poderosa el peso abrumador de quien tiene que defender a su gente, consciente de que los servicios de inteligencia comparten información y siempre están sometidos a las presiones de los políticos que tienen por encima de ellos. En esta película lo logra gracias a una suma de elementos. El primero, sin duda, un colosal Hoffman, con un control asombroso de su voz, de los gestos, del lenguaje de su corpachón maltratado por el alcohol y una vida insana.

Aunque en la versión original resulte chocante, la decisión de dejar que Hoffman (Günther Bachmann) sea un alemán con un inglés distinto al de sus compañeros germanos de reparto resulta acertada, aunque introduzca un cierto grado de confusión (lo mismo ocurre con los personajes alemanes de Rachel McAdams y Willem Dafoe)

Pero bueno para eso estamos los críticos: la cosa, insisto, va de un grupo de los Servicios de Inteligencia alemanes que tiene sobre sus espaldas la deshonra de no haber descubierto a los terroristas suicidas del 11-S que se entrenaron en Hamburgo.

No se debe contar más para disfrutar más y mejor una película estupenda, que nos permite paladear el último papel protagonista de un grandísimo actor.

 

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Ficha Técnica

  • Fotografía: Benoît Delhomme
  • Música: Herbert Grönemeyer
  • Montaje: Claire Simpson
  • Duración: 122 min.
  • Distribuidora: eOne
  • Público adecuado: +16 años
  • A Most Wanted Man. Reino Unido, USA y Alemania, 2013. 
  • Estreno en España: 12.9.2014
Reseña Panorama
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Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor