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El imperio de los lobos

Dirección: Chris Nahon Guión: Jean-Christophe Grangé, Chris Nahon, Christian Clavier, Frank Ollivier, basado en la novela de J-C. Grangé Fotografía: Michael Abramowicz Música: VV.AA. Intérpretes: Jean Reno, Arly Jover, Jocelyn Quivrin, Laura Morante, Philipe Bas Distribuidora: On Pictures

Francia, 2005. Estreno en España: 30.12.2005

Entretenimiento de qualité

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No sin razón -ni sin buen resultado- esta película tiene un guión escrito por cuatro guionistas, más dos colaboradores, más el hecho de estar basado en una novela. Una novela siempre otorga solidez al tema y al argumento, a los caracteres, al desarrollo coherente de la historia y de la acción… Y esto es lo que ocurre aquí. Aun­que sea una motivación externa y hasta ajena a la realidad del guión y de la película, es una pretensión de la industria francesa del cine el “salir al paso” a la invasión USA de películas de acción y entretenimiento. Esta es una película francesa de acción ¡como un dique! frente y contra esa invasión (sin ánimo de ofender).

Por un lado, el guión -lo he dicho- está muy bien estructurado, hasta te “obli­ga” a estar muy atento para que no se te escape ningún hilo de la trama, de la madeja. No es una historia para mentes terminales o con abulia crónica.

Ocurre, como en casi todo este género negro o de policías o de crimen, que los sucesos se desarrollan en un tiempo sin tiempo. ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¡Ah, no sé! Pero da igual.

Ahí la gente ni come ni duerme, se la ve sucia y luego limpia o viceversa, con otro traje u otro vestido. O sea, el tiempo ha pasado pero no se sabe cómo. Repito, da igual porque la acción es avasalladora y urgente, la acción del mal no descansa ni, por tanto, la réplica puede descansar en el pausado ritmo de un quehacer cotidiano. Hay hechos irrealizables o imposibles, pero en El imperio de los lobos los vemos realizados y son reales. O juegas, o no juegues y vete.

Diría que la dirección es buena, segura. Solamente me ha llamado la atención que -pues hay frecuentes acciones paralelas- el paso de una a otra paralela es a veces un poco raro, quizá porque tarda en aparecer la otra acción paralela cuando la hay, y se presenta como a destiempo. Esto del tiempo es, valga la incoherencia, sustantivo en las novelas y en las películas, y su presencia es mágica, ¿por qué?, porque no hay reglas. O queda bien o no queda, ya está. Y aquí a veces parece como un alumno que llega tarde a clase. Esta es la mayor, y es levísima, objeción a su escritura cinematográfica.

Fotografía espléndida, música entrañada, ambientación eficaz, actores y actrices en su punto: Laura Morante, fabulosa; Arly Jo­ver, en sus dos papeles, fantástica; Jocelyn Quivrin, tópico joven policía tan valiente como inexperto, magnífico; y el sabelotodo y cínico maduro -que hace Jean Reno-, también superlativo.

Cuando todas las tramas (terrorismo, droga, crimen, ciencia-ficción, policía, etc.) confluyen en una solución apoteósica -hasta de luz y color-, la cosa alcanza los límites de lo admisible. Tanto es así que los guionistas (antes que el espectador lo piense) hacen gritar a Paul, el joven policía: ¿Pero qué embrollo es este? Cállate y dispara conmigo -le replica Jean Reno-. Luego te lo explico. (No deja de tener gracia. Además, en las breves escenas posteriores todo queda explicado sin necesidad de explicaciones). O sea, que El imperio de los lobos es muy entretenida, un entretenimiento de qualité.