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El juego de Ender

Una película amena que bebe, directamente y sin rubor, de la mitología cinematográfica del “Elegido” (***)

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Dirección y Guión: Gavin Hood Fotografía: Donald McAlpine Montaje: Lee Smith, Zach Staenberg Música: Steve Jablonsky Intérpretes: Asa Butterfield, Hailee Steinfeld, Harrison Ford, Abigail Breslin, Ben Kingsley, Viola Davis, Moises Arias, Aramis Knight Duración: 114 minutos Distribuidora: eOne Público adecuado: +12 años

Ender’s Game. EE.UU., 2013. Estreno en España: 8.11.2013

Niños guerreros

Del director sudafricano de Tsotsi (Oscar a la me­jor película en lengua no inglesa) y Expediente Anwar cabía preguntarse cómo manejaría una novela ado­lescente después de asumir una de las películas de la saga X-Men con Lobezno dando zarpazos…

El resultado es apañado, mejor de lo que espera­ba. En buena medida porque el esquematismo del ori­ginal literario se maquilla con la buena dirección de Hood, que se afana por dar peso y sustancia a una historia que no es especialmente original (el en­trenamiento de un niño para realizar una misión, en plan Guerra de las Galaxias) ni sorprendente en su evolución.

El gran trabajo fotográfico de Donald McAlpine (Moulin Rouge, Las Crónicas de Narnia I) hace que la película luzca muy bien en pantalla grande, con el uso de los colores fríos y las atmósferas con luz ar­tificial del complejo de entrenamiento. Lo más flo­jo de la cinta son los actores veteranos (Harrison Ford, Ben Kingsley y Viola Davis), que andan más perdidos que un pulpo en un garaje.

Las reminiscencias de grandes largometrajes co­mo Ga­tta­ca y Star Wars no logran que la película sea notable pero sí que supere con creces el aproba­do, sobre todo si tenemos en cuenta la tontuna generalizada en sagas como Transformers, Star Trek y com­pañía. Aquí, al menos, hay personajes, hay conflicto, hay un viaje, no demasiado brillante, pero via­je.

Los jóvenes protagonistas de La invención de Hu­go y Valor de ley hacen un buen trabajo en una historia que plantea de manera ligera los riesgos de la se­lección genética. Una película amena que bebe di­rectamente y sin rubor de la mitología cinematográfica del “Elegido” y, quizás por eso, puede gustar a un público amplio.

Alberto Fijo



Alberto Fijo
Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor