El libro de Eli: Apocalipsis insustancial

Es ciertamente curioso cómo en contadas ocasiones el panorama cinematográfico estadounidense ofrece -con un espacio de tiempo muy breve- dos productos de factura similar. Si hace un mes asistíamos al estreno de La carretera, ahora le llega el turno a otro título entorno a un futuro apocalíptico: El libro de Eli. Con todo, el parecido de ambos largometrajes se reduce a la escenificación de un Estados Unidos completamente destruido, mostrando unos parajes en ocasiones casi milimétricos. Así se terminarán las coincidencias, dado que la película de John Hillcoat se centraba más en el ser humano frente a la adversidad, mientras que la propuesta de los hermanos HughesFrom Hell– se sustenta en el cine de acción al más puro estilo hollywoodiense.

Tras una guerra devastadora que ha dejado a la humanidad al borde de la extinción, la cinta que nos ocupa presenta a un viajero solitario que recorre Estados Unidos con una misión: proteger un libro que le fue entregado hace treinta años. A las dificultades que se le presentan en el camino añadiremos la aparición de un tirano que aspira conseguir el ejemplar para conquistar el mundo.

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Con reminiscencias al western o a la mismísima Blade, El libro de Eli a duras penas consigue hacer creíble un filme plagado de clichés, lugares comunes y giros finales tan sorprendentes que resultan ridículos. A partir de falsos presupuestos, la narración aburre y se muestra carente de interés. Ni siquiera la aparición de actores de renombre, encabezados por Denzel WashingtonGary Oldman -incapaz de dar dignidad a un personaje excesivo- logra darle un ápice de verosimilitud a la cinta.

Que las películas de acción estadounidenses, en su mayoría, carecen de pretensiones narrativas es un hecho conocido internacionalmente. Pero si a esto se le suma la inclusión de una pretensión filosófica, el descalabro resultante es mucho más llamativo de lo habitual.

Un par de peleas de acción surrealistas pero logradas, la inclusión de la consabida chica guapa y la aparición de un malo insulso pero interpretado por un buen actor es lo único que ofrece el quinto largometraje de los directores norteamericanos Allen y Albert Hughes.


Que nos intenten persuadir de que una toallita de KFC siga limpiando treinta años después de hacerse.

La desfachatez del giro narrativo final.

Ficha Técnica

  • EE.UU.
  • Don Burgess
  • Cindy Mollo
  • Atticus Ross
  • Sony
  • 120 minutos
  • Jóvenes-adultos
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