El oficio de las armas

El oficio de las armas
El oficio de las armas

Dirección y Guión:Ermanno Olmi Fotografía:Fabio Olmi Montaje:Paolo Cottignola Música:Fabio Vacchi Intérpretes:Hristo Jivkov, Sergio Grammatico, Dimitar Ratchkov, Fabio Giubbani, Desislava Tenekevjieva, Sandra Ceccarelli, Paolo Magagna Distribuidora:Lauren

Italia, 2004. Estreno en España: 02.04.2004

El oficio de las armas: Una lección magistral

Galardonada en 2002 con 9 premios David di Donatello, la penúltima película de Ermanno Olmi (Bér­gamo, 1931), autor italiano de títulos imprescindibles como El árbol de los zuecos o La leyenda del santo bebedor, es un impresionante y cuidadísimo lienzo histórico sobre el Capitán Giovanni de Medicis (lo encarna el actor búlgaro que hace de apóstol Juan en La Pasión de Cristo de Gibson), comandante de las tropas pontificias que intentan frenar el avance sobre Roma, en 1526, de los lasquenetes alemanes que enarbolan la bandera imperial de Carlos V.

El fascinante guión de Olmi se fija en la irrupción de la artillería en el arte de la guerra, que le sirve para pintar un bellísimo retrato de una época convulsa, en la que el sentido del honor y el modelo del perfecto príncipe-caballero dibujado por Maquiavelo (que pensó en Fernando el Católico) conviven con los mercenarios y los turbios manejos políticos de algunos nobles italianos, que el sufrido capitán se apresura a justificar.

Conviene advertir que, el oficio de las armas, por su ritmo y estética contemplativa, esta película única, de extraordinario rigor y bellísima puesta en escena, no es adecuada para ser vista en televisión.

La fotografía, el montaje y la música no pueden ser más acertados. Sin duda, quedará como referencia de un cine exquisitamente res­petuoso con la historia, digno de los estudiosos de la materia, al nivel de los extraordinarios experimentos de Rossellini, Rohmer o Feyder.

Estremece comprobar hasta qué punto un director es capaz de componer cada plano con un mimo tan exquisito, tanto en una secuencia de una batalla como en el lecho de un enfermo en un palacio renacentista.