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El olvido que seremos

Un retrato de un hombre bueno que parece diseñado para que los hermanos Trueba vuelquen todas sus aficiones y traumas

El olvido que seremos (2020)
El olvido que seremos (2020)

El olvido que seremos: Ascua y sardina

· Crítica de El olvido que seremos | Estreno 7 de mayo de 2021.
· Una película bonita de ver y amable en el tono, que cae en las redes de una superficialidad que daña una historia y un personaje real que tendrían mucho más que contar.

Héctor Abad Gómez (1921-1987) fue un médico colombiano, padre de siete hijos, ateo y filántropo, que dedicó buena parte de su vida a favorecer mejoras sanitarias básicas en su país (especialmente la vacunación de la población con menos recursos económicos). Vilipendiado por la izquierda y la derecha política de su país, el día que murió encontraron en su bolsillo un libro de Jorge Luis Borges en el que se incluía un poema (Aquí, Hoy), que aporta un verso que da título a esta película. «Ya somos el olvido que seremos // El polvo elemental que nos ignora // (…) Ya somos en la tumba dos fechas // del principio y el término. La caja // la obscena corrupción y la mortaja, // los triunfos de la muerte, y las endechas«.

Quien conozca la filmografía de Fernando Trueba (El artista y la modelo, El baile de la victoria, Belle Époque), y de su hermano y guionista David (Vivir es fácil con los ojos cerrados, Casi 40), no le extrañará el estilo y la personalidad de esta película. En esta producción seleccionada por Colombia para representar a los Oscar y ganadora del Goya a la mejor película iberoamericana, hay ingredientes habituales de su cine: el esteticismo en la planificación, el idealismo y la ingenuidad con el que presenta la moral y la política nacidas en torno a mayo del 68 (plantada en París y abonada por Marcuse y sus discípulos en California), un existencialismo que mira con desprecio todo lo que venga de la religión cristiana, y una bondad natural y una felicidad existencialista cercana al pensamiento de Voltaire.


La fotografía de Sergio Iván Castaño (Alias María) muestra una Colombia colorista y vital, que en cierta medida acompaña la música del polaco Zbigniew Preisner (compositor habitual en las mejores películas de Kieslowski), y el trabajo de un reparto excelente. Javier Cámara vuelve a demostrar que es uno de los mejores intérpretes del cine europeo desde hace décadas. Su dicción colombiana es fantástica, y su interpretación de un personaje entrañable que podría derivar en un santón repelente en su perfección, es medida y empática con el espectador.

El olvido que seremos se hace muy larga porque la trama es muy leve y el metraje es excesivo. Tampoco favorecen el ritmo y la intensidad del relato, un buen número de escenas innecesarias, reiterativas y tópicas, con subrayados voluntariamente pedagógicos en el guion de David Trueba: las secuencias de homilías de un funeral resueltas igualmente con una huida de la iglesia del protagonista coherente, la clase buenrollista padre-hijo sobre promiscuidad, las muestras constantes de un sentimentalismo permanente y epidérmico, o la falta de matices en el desarrollo de personajes.

Una película bonita de ver y amable en el tono, que cae en las redes de una superficialidad que daña una historia y un personaje real que tendrían mucho más que contar lejos de un discurso tan artificial y limitado.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Sergio Iván Castaño
  • Montaje: Marta Velasco
  • Música: Zbigniew Preisner
  • Duración: 136 min.
  • Público adecuado: +16 años (XD)
  • Distribuidora: BTeam
  • Colombia, 2020
  • Estreno: 7.5.2021
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