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El pequeño Nicolás

50 años después de que el escritor Goscinny y el ilustrador Sempé crearan a su pequeño Nicolás, éste aparece por primera vez en la gran pantalla y más vivo que nunca. *** ½

LE PETIT NICOLAS, 2009 País: Francia Dirección: Laurent Tirard Guión: Alain Chabat, Grégoire Vigneron Fotografía: Denis Rouden Montaje: Valérie Deseine Música: Klaus Badelt Intérpretes: Maxime Godart, Valérie Lemercier, Kad Merad, Sandrine Kiberlain, François-Xavier Demaison 91 m. Todos los públicos Distribuidora: Vértigo Estreno: 7.5.2010

Vuelta al cole

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El entrañable personajito de Goscinny y Sempé ha sido recreado magistralmente por un director y un equipo de guionistas que se nota que están familiarizados con el arte de pasar pequeñas historietas del pa­pel al celuloide (todos ellos han trabaja­do en alguna de las adaptaciones de As­té­rix y Obélix).

Lo realmente difícil era lograr que el rit­mo no decayera, y lo cierto es que no só­lo lo han conseguido, sino que han hecho una película ágil, amena y muy diverti­da que consigue atraparte desde el princi­pio (atención a los créditos del inicio) has­ta el final.

Otro reto, no menos arduo, era la personi­ficación de toda esa panda de chavales pin­torescos. El resultado es inmejorable: la pandilla de Nicolás parece salida directa­mente del libro, como si los monigotes de Sempé hubieran cobrado vida propia. Des­de Clotario, siempre el último de la cla­se, hasta Aniano, el insoportable empo­llón, pasando por el gordo, el pijo y el ma­tón.

La espontaneidad, la ingenuidad y el can­dor de estas interpretaciones son una cons­tante llamada a la risa, o al menos a un guiño de complicidad. Y no deja de sor­prendernos, porque casi todos ellos son de­butantes. Y ahí es grande el mérito del di­rector, Laurent Tirard (Las aventuras amo­rosas del joven Molière), que antes fue pe­riodista cinematográfico y autor de dos in­teresantes libros de entrevistas a directo­res.

La ambientación, la fotografía y la músi­ca también contribuyen a crear ese clima de espontaneidad, y se han puesto mag­níficamente al servicio de una historia y unos personajes que desbordan simpatía.

Blanca Álvarez de Toledo