El pianista

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Director:Roman Polanski Guión: Ronald Harwood, sobre el libro de W. Szpilman Fotografía: Pawel Edelman Montaje: Hervé de LuzeMúsica: Wojciech Kilar Intérpretes: Adrien Brody, Daniel Caltagirone, Thomas Kretschmann, Frank Finlay y Maureen LipmanDistribuidora: UIP-DeAPlaneta

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Francia, Alemania, Reino Unido, Polonia, Holanda 2002. Estreno en España 13 Diciembre 2002

Hay un hombre sentado al piano

Cuando pensábamos que poco se podía aportar, a nivel cinematográfico, al drama judío en la II GM, llega El pianista, avalada por la Palma de Oro en Cannes. Dos películas, La lista de Schindler (S. Spielberg) y La vida es bella (R. Benigni), parecían las puertas imponentes que vedaban un nuevo ingreso en el yermo del Holocausto. Con más de dos horas y media de metraje, la última obra del director de Chinatown adapta la célebre novela autobiográfica (muy bien editada por Turpial & Amaranto) sobre un prometedor músico que verá frustrada su brillante carrera a consecuencia de la invasión nazi de Polonia, y de la subsiguiente construcción de un ghetto para confinar a la población judía.

El pianista tiene dos bloques narrativos evidentes y despide los brillos de la mirada inquisitiva de Polanski, tan gélida como aterradora. Los movimientos de cámara se vuelven imperceptibles.Polanski busca que las imágenes se carguen de significación, que hablen por sí solas; y para ello construye un largometraje que en ocasiones se acerca al género documental. La crudeza y la violencia se adueñan de los primeros 60 minutos, en escenas tan brutales como la del anciano en silla de ruedas, que llevan a pensar en la gratuidad por su explicitud constante; en un torbellino en el que todo sucede frenéticamente a pesar de su prolongación temporal.

Gracias a este mecanismo, Polanski consigue crear desconcierto en el espectador, un clima que permite comprender con mayor claridad las reacciones de los protagonistas.

A partir de la evacuación del ghetto de Varsovia, el tempo narrativo se vuelve mas pausado y se realiza una introspección hacia el interior del pianista Wladyslaw Szpilman, interpretado por un formidable Adrien Brody (La Delgada Línea Roja).

El film se torna en este punto en una lucha por la supervivencia en solitario, contra el hastío, la desesperación, la locura y el paso del tiempo. Se inicia un recorrido por una Varsovia derruida física y moralmente, que, al igual que el protagonista, lucha por sobrevivir.

Es en este segundo tramo donde El pianista despliegue toda su fuerza, donde comprobamos que Polanski tenía todavía algo importante y nuevo que aportar, y ha querido hacerlo sin los excesos efectistas propios de otras muchas películas . No sólo por la magnifica reconstrucción de la capital polaca y su posterior destrucción (a cargo de Allan Starski, ganador de un Oscar por La lista de Schindler); sino también por la evolución de la narración y la construcción de escenas tan breves y líricas como la ejecución imaginaria de la pieza musical.

Laura Montero Plata

Laura Montero Plata
Laura Montero Plata
Doctora en Historia del Cine, Animación Japonesa y Cines de Asia Oriental