El planeta del tesoro: Los viajes piratas nunca mueren

Como cada año, Disney acude puntual a su cita navideña, y lo hace atreviéndose con una versión libre de la celebérrima novela de Stevenson publicada en 1883, todo un paradigma narrativo. Los clásicos tienen un algo que invita a hacer versiones y Disney ya lo hizo en 1950, cuando tomó la decisión de hacer películas con actores de carne y hueso, con un guión bastante fiel al original. Ahora se ha recurrido a un guión adaptado en el que ha trabajado Ken Harsha, que escribió Shrek y El príncipe de Egipto.

Ambientada en un universo de fantasía futurista, El planeta del tesoro es obra de dos viejos conocidos de la factoría Disney, responsables de La sirenita, Aladdin y Hércules. Ambos comenzaron a trabajar juntos en Basil, el ratón detective (1986) y fueron apartados de la dirección a merced de la renovación que afrontó Disney hace unos pocos años. Tiene miga esta maravillosa aventura de piratas espaciales, donde toda la galaxia se encuentra a la caza del legendario «botín de los mil mundos». Jim Hawkins, un niño de quince años, se topa por casualidad con un mapa esférico que conduce a la mayor cueva de piratas del universo. La película narra las proezas que tendrá que acometer el joven Jim, grumete en un esplendoroso galeón espacial, al que protege John Silver, el carismático cocinero del barco (un híbrido mitad hombre-mitad máquina).

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El planeta del tesoro
El planeta del tesoro

Inspiración en grandes ilustradores

El planeta del tesoro sigue las actuales tendencias de los dibujos animados: el 75% de las imágenes del film han sido intervenidas por los programas de computación que brindan la ilusión de tridimensionalidad, mezclado con perfecta maestría con el dibujo tradicional y tomando como referencia el estilo pictórico de la escuela de pintura de Brandywine, una generación de destacados ilustradores estadounidenses como Howard Pyle, N. C. WyethMaxfield Parrish, entre cuyas obras se encuentra una impagable edición ilustrada de La isla del tesoro, publicada en 1911. Desde Bambi (1942), es la primera vez que los dibujantes de Disney toman como alusión estética un determinado estilo de arte pictórico clásico, con la notable diferencia de que esta vez todos los fondos se han creado en la pantalla de un ordenador. Con una narración estupenda, la película aporta niveles desbordantes de credibilidad y autenticidad a los personajes, perfectamente construidos, destacando el cyborg John Silver, tanto por la dificultad que ha supuesto dotarle de vida (que se realizó con una mezcla de dibujo manual y generado por ordenador), como por su hondura psicológica, ya que en su interior habita una bestia a la que deberá enfrentarse. Con una gran variedad de efectos visuales (en 2 y 3 dimensiones), la mayoría de las escenas de la película están bañadas en luz para realzar la acción y los diálogos.

El hito de esta rebelión computerizada de la animación lo marcó, en 1991, La bella y la bestia, con aquellas escenas de baile que aún impresionan. No cabe duda de que la historia del dibujo animado viene acuñada por el desarrollo de la Disney, caracterizada por su afán de perfección, su vanguardismo estético y su incesante búsqueda de nuevas formas de expresión, que vuelve a deparar un magnífico cóctel de fantasía, tradición y ciencia-ficción que gustará a pequeños y grandes.

Ficha Técnica

  • Argumento: La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson
  • Producción: Walt Disney Pictures
  • Director Artístico: Jandy Gaskill
  • País: EE.UU.
  • Año: 2002
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