El principio de la incertidumbre: Escudo y lanza

El principio de incertidumbre | En Os Lusíadas, Luis de Camoes personifica al Tajo a través de su invocación a las ninfas, convirtiéndolo así en el símbolo de Lisboa y más tarde de todo Portugal. Fiel al significado de las aguas, Manoel de Oliveira apuesta por las del Douro que bañan su Porto natal para dar sentido a un mundo interior de valores y de miedos.

Después de Porto da minha infancia (2001), un documental que destapa el cariño ya nostálgico que tiene por su ciudad, en O Principio da Incerteza, la ciudad y su río enmarcan la acción con una intencionalidad poética que denota el subjetivismo de su obra. Esta vez Oliveira se muestra ante el espectador a través de la simbología del enredo, ofreciendo una visión de un modo de vida y de mentalidad que va más allá de un concepto moral.

Las relaciones naturales y su continuidad son la clave de una historia que el propio director define como «una crítica a la vida moderna». Los personajes se convierten en criaturas en manos del Creador que dispone de ellos, mientras Oliveira los filma. «Nos creemos libres porque ignoramos nuestras acciones», así citando a un filósofo portugués, el director deja claro que esta representación en el teatro del mundo se aleja de cualquier intento de moralizar, establecer pautas de comportamiento o de juzgar. Ante los ojos de su memoria, Oliveira pone de manifiesto la condición del hombre perdido ante la inmensidad. Una pérdida que pasa por la búsqueda de la bondad y el cambio en una civilización que anhela dar el primer paso de la inteligencia. Fiel al uso de elementos de la teatralidad, O Principio da Incerteza sorprende ante la imprecisión entre el bien y el mal. En el film, nada es lo que parece, se produce la inversión de actitudes con un secretismo que parece enajenar a los protagonistas. Los diálogos suponen un continuo ejemplo de esta mirada a veces pesimista que define la naturaleza humana sin sacrificio ni egoísmo.

El principio de incertidumbre: Pausa sincera

La cámara respira al ritmo del director y no del espectador, siguiendo la necesidad de su espíritu. Un ritmo pausado y reflexivo. Esto supone un posicionamiento del espectador diferente al que estamos acostumbrados. Como ocurre con Tarkovsky o Bergman, el espectador tiene que adecuarse al ritmo de respiración del director y no al revés. El riesgo pasa por rozar los límites de conexión con el espectador, éste puede dejar de respirar y ahogarse en ideas preconcebidas y lo que es peor, en la falta de entendimiento.

La lógica narrativa y la simplicidad dramática de la película responden a un sentido artístico que tiene un enorme respeto hacia los personajes, la autenticidad de lo narrado y la sinceridad hacia el espectador. En definitiva, este rigor de Oliveira -director e individuo- le permita reinventar cada plano con una sensibilidad y una experiencia que resultan magnéticas. A sus 93 años de edad, Manoel de Oliveira es un artista con una sensibilidad exquisita, un referente imprescindible del cine mundial.

 

Ficha Técnica

  • Argumento: novela de Augustina Bessa-Luís
  • Fotografía: Renato Berta
  • Montaje: C. Krassovsky, M. de Oliveira
  • Música: Niccolò Paganini
  • Distribuidora: Wanda-Nirvana
  • Estreno: 28 febrero 2003

O Principio da Incerteza. Francia/Portugal, 2002

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Reseña
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Laura Pousa es guionista y doctora en Historia del Cine por la Universidad Autónoma de Madrid