El renacido: A la aventura por la aventura

· El renacido: La historia real de un trampero en 1823 en la región de las dos Dakotas. Hace sentir la dureza de una vida expuesta a los rigores del invierno.

Ha sido mejor película en categoría drama y ha ga­nado los premios al director y al actor (DiCaprio) en los Globos de Oro. Aspira a doce Oscar. La sexta pe­lícula del realizador mexicano de 52 años le consagra como un cineasta curtido, inteligente y osa­do. El año pasado triunfó con Birdman en los Oscar, con los premios a película, director y guion.

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Se estrenó como director a los 37 años con Amores perros en el año 2000. Su trayectoria tuvo un pun­to de inflexión cuando dejó de colaborar con el guio­nista Guillermo Arriaga, con quien hizo sus tres primeros largometrajes (21 gramos y Babel son los siguientes).

Biutiful, su cuarta película rodada en Barcelona, de­jó claro que Iñárritu necesitaba renovarse, inclu­so reinventarse. Y lo hizo: con inteligencia, concibió una cinta dramática (Birdman) en la que por pri­mera vez lograba hacer reír, usando con maestría ele­mentos de la screwball comedy. La risa no impedía una crítica inteligente a la epidemia de superhéroes que padece el cine de Hollywood y la re­percusión de esos relatos en la vida de muchas personas, en eso que llamamos la sociedad. Todo en un original plano secuencia trucado, que dotaba a la película de una marcada autoría que fue reconocida con sendos Oscar para el director y el responsa­ble de la fotografía, Emmanuel Lubezki, que el año anterior lo había ganado por Gravity.

El renacido es una película de aventura épica, una tragedia que en la historia de un hombre que lu­cha por sobrevivir (en el sentido que se conceda a ese verbo está la almendra de la película y no les di­go nada para no estropear su disfrute) siembra otras cuestiones de gran calado y actualidad como el colonialismo y la explotación descontrolada de la naturaleza y las consecuencias para las poblaciones autóctonas.

Iñárritu cuenta la historia real de un trampero en 1823 en la región de las dos Dakotas. Y lo hace sin prisas, para que sintamos la dureza de una vida ex­puesta a los rigores del invierno en una naturale­za indomable, con el reloj propio de aquella época, en la que el tiempo de recarga de un fusil se ha­ce eter­no, especialmente cuando alguien o algo viene ha­cia ti con intenciones aviesas.

En 1971, Richard Sarafian, un director forjado en la televisión, contó la misma historia con guion del autor de Un hombre llamado Caballo y protagonizada por Richard Harris y John Huston.

Iñárritu ha decidido trabajar con el núcleo duro (Lu­bezki, Fisk, West) del equipo del último Malick, quizás por eso, se entiende que diga que ha que­rido que su aventura épica tenga una vertiente es­piritual. Con grandes actores y un equipo técnico de primera (y 130 millones de dólares para costear un largo rodaje que por cuestiones climáticas inesperadas obligó a trasladar a las 300 personas del equi­po desde Calgary hasta la Patagonia), logra un fres­co de salvaje belleza, una tragedia de dos horas y media que añade a la vivacidad del reporterismo li­terario de Jack London, un toque de lo que po­dría­mos llamar metafísica de la supervivencia.

Hay aspectos del guion y alguna decisión de mon­taje que funcionan mal (especialmente los insertos oníricos, porque ya de por sí no están muy bien escritos y hacer eso con cámaras digitales es una temeridad… y lo han pagado), la música no es­tá a la altura y sobra metraje porque falta texto, sus­tancia dramática.

Pero la película, arriesgada y exigente con el espectador, se sobrepone por la enorme calidad de los dos protagonistas (DiCaprio y Hardy en un duelo for­midable) y por la excelsa fotografía de Lubezki, un verdadero maestro de la luz, que sigue fiel a los có­digos visuales que ha establecido con Malick: usar siempre la luz natural adaptándose a ella para lo­grar raccord lumínico, no usar filtros pero sí difu­so­res, lograr una imagen de gran resolución y grano fi­no, usar las modernas cámaras manejables de 35 y 65 mm cargadas al hombro o en steadycam, com­bi­nan­do con planos rodados con trípode, acercarse a los personajes con distancias focales cortas y ópti­cas duras.

El gran cambio es que Lubezki se ha pasado al di­gital (y, por tanto, no ha usado celuloide, disculpen los peritos). Me detengo en estos detalles porque el verdadero héroe de esta película, el aven­turero auténtico, es Emmanuel Lubezki. Y sus formidables operadores.

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Ficha Técnica

  • Fotografía: Emmanuel Lubezki
  • Montaje: Stephen Mirrione
  • Música: Carsten Nicolai, Ryûichi Sakaoto
  • Duración: 156 min.
  • Público adecuado: +18 años (V)
  • Distribuidora: Fox
  • EE.UU. (The Revenant), 2015
  • Estreno en España: 5.2.2016
Reseña Panorama
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Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor