¡El soplón!

Los esfuerzos desesperados por convertir el conjunto en una comedia entorpecen la narración y hacen la película tediosa(**)

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Dirección: Steven Soderbergh Guión: Scott Z. Burns Montaje: Stephen Mirrione Música: Marvin Hamlisch Intérpretes: Matt Damon, Scott Bakula, Joel McHale, Melanie Lynskey, Lucas Carroll, Tom Wilson, Andrew Daly Duración: 108 m. Público apto: todos los públicos Distribuidora: Warner 

EE.UU. (The informant!), 2009. Estreno en España: 26.09.2009

La fórmula agotada de Soderbergh

Recientemente, cuando uno acude al cine y lee en la pantalla el consabido aviso de que nos encontramos ante una historia “basada en hechos reales” dan ganas de echarse a temblar. Después de estrenar Che: Gue­rri­lla, Steven Soderbergh rescata la fórmula e intenta imprimirle el estilo de su trilogía de Ocean. Aunque sin duda se trata de obras muy distintas, en ¡El soplón! incide en la búsqueda de una estética ochentera, en la utilización de la música y en las situa­cio­nes absurdas, que son rasgos que comparten todas estas producciones; la cuestión es que la fórmula fue efectiva para Ocean’s eleven y en ninguna otra posterior.

De nuevo en colaboración con Matt Da­mon, Soderbergh aborda la historia de Mark Whitacre, un ejecutivo de una multinacional que denuncia al FBI la conspiración de su compañía para la fijación de precios a nivel mundial. Desde un punto de par­tida en el que no queda claro cuál es el juego del protagonista, la película se dilata en una serie de reuniones, grabaciones, hui­­das y mentiras que convierten la primera parte de la narración en un relato un tanto tedioso.

La repetición de las situaciones intenta desvelar las argucias de los personajes dentro de la trama -principalmente del interpretado por Damon-, pero su psicología es tan plana y sus posibilidades están tan mal explotadas que se tiene la sensación constante de que las secuencias son innecesarias.

Es sorprendente el hecho de que So­der­bergh se recree tanto en los preliminares de la investigación y no tanto en el segundo arco narrativo del film, en el que se descubre el verdadero interés de la figura de Mark Whitacre, en donde de nuevo se desperdicia a los actores por la falta de interés absoluto por explorar las reacciones de éstos ante los acontecimientos.

Sin duda alguna, este cúmulo de lastres viene dado por el enfoque que el director y el guionista Scott Z. Burns han querido darle a los hechos: los esfuerzos desesperados por convertir el conjunto de la película en una comedia entorpecen la narración con el incesante e innecesario fluido de con­ciencia de Matt Damon, que produce sopor y no sonrisa. No obstante, los acontecimientos llegan a un punto de surrealismo tal que es imposible no arrancar alguna que otra carcajada al espectador, de tal modo que la comedia se reduce a lo puramente anecdótico y no a los giros del guión.

En el apartado técnico, Soderbergh opta por la sobriedad y un estilo clásico que que­da un tanto empañado por la estética de infografía y por la utilización de la banda sonora de Marvin HamlischEl golpe, Tal como éramos-, que aunque es atractiva no casa con el flujo narrativo.

Laura Montero Plata

Laura Montero Plata
Laura Montero Plata
Doctora en Historia del Cine, Animación Japonesa y Cines de Asia Oriental