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El sudor de los ruiseñores

Poesía urbana

Las operas primas suelen ser películas desequilibradas, y aunque muy preparadas, suelen tener el defecto de ser muy ambiciosas, llenas de referencias a otras películas, y a menudo el director empaqueta en ellas toda su visión del cosmos como si fuera la única película que fuera a hacer en toda su carrera. Por eso El sudor de los ruiseñores es una ópera prima que no es una ópera prima. Ha sido dirigida por un director hasta ahora desconocido, Juan Manuel Cotelo, que no es una gran promesa sino una realidad que tiene mucho que decir en el sobrevalorado cine español actual.
La película está rodada con una frescura, una alegría y a la vez un oficio que para sí quisieran muchos veteranos. Es una película sencilla pero a la vez compleja, que guarda sus resortes en su interés, dándonos la sensación de que hacer una buena película es cosa fácil.
La historia narra la vida de un joven rumano que llega a Madrid con la intención de trabajar como músico en una gran orquesta, pero pronto se dará cuenta de que las cosas no son fáciles y que deberá conseguirse el sustento junto a Tote, un simpático pillo que se gana la vida por las calles de Madrid.
Es una película sensible, divertida a ratos, triste en otros, pero de una poesía urbana que desprende optimismo, de personajes fieles a sí mismos que cogen por las orejas a la vida para gritarle que no se rinden.
Los actores están más que notables, siendo en su mayoría desconocidos por el gran público salvo la sobresaliente María de Medeiros, que borda su papel. La fotografía posee el extraño efecto de ser a la vez realista y poética. Y un sonido tratado como pocos en el cine español, con una magnífica banda sonora.
Cotelo no ha buscado la sal gorda, ni la caricatura, ni se trata de una crítica social, sino que profundiza en la amistad como verdadera riqueza. No tomando partido por nadie, el director sólo muestra, y es sólo el espectador quien toma las decisiones. Tampoco Cotelo se adentra en los pozos negros de la marginalidad, los personajes viven en ella pero no les pertenecen, porque en el fondo son personajes libres que luchan contra las circunstancias.

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