El sueño de Valentín: Con el corazón en las nubes

El argentino Alejandro Agresti (Buenos Aires, 1961) se ha embarcado con El sueño de Valentín en un viaje emocional realizado en forma de cuento, y confiesa haber usado gasolina autobiográfica. Habla Agresti de sentimientos y de deseos, unos cumplidos y otros no, pero ésa es la vida que su protagonista empieza a descubrir, y en la que no faltan puntos de incomprensión o de sabor amargo. Pero el director de El viento se llevó lo qué sabe hacerlo aportando unas gotas de verosimilitud y autenticidad que hacen que no caiga en la cursilería, permitiendo al espectador sentir y ver con la mente y los ojos de un niño de ocho años.

El pequeño Valentín vive con su abuela, enviudada recientemente, y tiene dos deseos en su joven vida: ser astronauta y recuperar a una madre que echa en falta. Su carácter despierto, su viva inteligencia y sobre todo su gran corazón encandilan a los mayores, que ven en su inocencia y sinceridad algo que querrían para sí en su problemática vital. Este niño vive la realidad sin la amargura del desencanto, sin rechazar a nadie por su condición de judío o por su carácter bohemio; sólo busca encontrar a quien ocupe en su corazón el lugar de su madre y en quien volcar toda su afectividad.

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La transparencia y sencillez de la historia tiene su correlación en la manera de hacerlo: no hay planos complicados ni travellings sugerentes, no pretende innovar en el lenguaje cinematográfico ni sorprender al espectador. Sólo busca contar una buena historia y servirse para ello de unos actores que hagan creíbles sus personajes. Ambos propósitos los consigue con creces, algo que el cine argentino está sabiendo hacer con garantías. La frescura y naturalidad de Rodrigo Noya -un joven talento fruto de un casting al que se presentó con el nº 300- para dar vida a Valentín está a la altura de Carmen Maura y Julieta Cardinali.

La voz en off de Valentín actúa de hilo conductor de la trama, y en este sentido quizá resulte un poco repetitiva y pueda parecer un recurso fácil. Se agradecen la sinceridad y positividad de una película emotiva de la que se sale con ganas de vivir. Compensa soñar y tener ilusiones, aunque sepamos que no vamos a ir nunca a la luna.

Ficha Técnica

  • País: Argentina (Valentín, 2002)
  • Fotografía: José Luis Cajaraville
  • Montaje: Alejandro Brodersohn
  • Música: Paul M. van Bruggen
  • Distribuidora: Filmax
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Reseña
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Julio Rodríguez Chico
Historiador. Crítico de cine. Autor de los libros "Azul, blanco, rojo: Kieslowski en busca de la libertad y el amor" y "Guía fácil para entender el cine".