En algún lugar de la memoria

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en algun lugar de la memoria

Dirección y Guión: Mike Binder Fotografía: Russ T. Alsobrook Montaje: S. Edwards, J. Roush Música: Rolfe Kent Intérpretes: Adam Sandler, Don Cheadle, Jada Pinkett-Smith, Liv Tyler Duraión: 124 m. Público adecuado: Adultos Distribuidora: Sony

EE.UU., 2007. Estreno en España: 29.06.2007

Sandler, aprobado en drama

De la misma manera que el grueso Ke­vin Smith hizo una tentativa de abandonar la comedia más chabacana e inmediata con la pretendidamente adulta Jersey girl, el neoyorquino de 41 años Adam Sandler prueba de nuevo suerte en una faceta, la “seria”, que inauguró con la muy estimable Embriagado de amor (Paul Thomas Anderson, 2002). Sandler interpreta el personaje más oscuro de su carrera, y precisamente por ello conviene advertir que el cartel promocional de la película puede resultar engañoso.

Mike Binder (Detroit, 1958) se atreve con un drama de peso en el que los apuntes cómicos solo sirven como contrapunto necesario pa­ra hacer soportable la dura premisa inicial. Charlie Fineman (Sandler) es un hombre ro­to por una tragedia en la que perdió a su familia. Enfrascado en un rainmaniano autismo, vive solo y apartado de todo. Un dentista, compañero de universidad (Don Cheadle), se reeencuentra con Charly y, movido por la curiosidad y por las ganas de hacer algo que le saque de su rutinaria existencia, se acerca a él. El reencuentro entre los dos dentistas, uno brutalmente traumatizado, y el otro vitalmente encorsetado, agitado e in­satisfecho, sacará muchas cosas a la superficie.

Cheadle desplaza a Sandler en tiempo en pantalla, pero no en intensidad interpretativa. Cheadle, actualmente en cartel con la rocambolesca nueva entrega de Ocean, dibuja con solvencia la célebre crisis de los 40.

La cuidada banda sonora y una fotografía tanto más interesante cuanto más se recrea en los exteriores de una Nueva York que nunca duer­me, dan solidez a una cinta que se mueve entre lo cómico (hay varios momentos pa­ra carcajearse sin complejos) y lo tremendo. Así, En algún lugar de la memoria se mueve en las aguas movedizas derivadas de lo arries­gado de su temática, y tiene a su peor ene­migo en un par de escenas en las que Bin­­der no termina de encontrar el tono. El re­sultado final adolece de un metraje a todas lu­ces excesivo y de algunos secundarios (Ty­ler y Burrows) desacertados en su composición, la primera por desaprovechada (como es ya costumbre), la otra por estar metida con calzador. No obstante, el film se sitúa muy por encima de la media del melodrama norteamericano contemporáneo.