En América: Íntima y personal

En América | Con esta su última película, el irlandés Jim Sheridan (En el nombre del padre) afronta un reto personal muy significativo. El guión está escrito por el propio Sheridan y sus hijas, Naomi y Kirsten, lo que explica el carácter íntimamente familiar del argumento. Ade­más, la película tiene un importante referente autobiográfico y está dedicada a un hermano de Sheridan, Frankie, que tiene el mismo nom­bre que el protagonista en la sombra del film, y que murió en parecidas circunstancias.

En América cuenta la historia de una familia católica que emigra desde Irlanda a Nueva York en busca de trabajo. Sin un dólar en el bolsillo, Johnny y Sarah se instalan en un edifico barato habitado por drogadictos, drag queens y otra fau­na gótica poco recomendable. La vida es muy dura para la pareja. Pero sus dos hijas la afrontan de un modo positivo que tiene mucho que ver con su fe en Dios, los milagros y la resurrección. Esta fe tendrá un papel decisivo a par­tir de su encuentro con su temido vecino Ma­teo, al que las niñas llaman “el hombre que grita”.

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El reparto es excelente. Paddy Considine y Sa­mantha Morton interpretan al matrimonio y, otra coincidencia familiar, sus hijas las interpretan dos hermanas, Sarah y Emma Bolger, cuya presencia es un torrente de elocuencia y expresividad. Por último, Djimon Hounsou encarna a Mateo, un pintor excéntrico y solitario pero pro­fundamente religioso, que propiciará la salvación de la familia.

Esta familia llega a Nueva York después del 11-S, y va a parar a un barrio más inseguro si ca­be que la propia ciudad. Y, sin embargo, lo que verdaderamente les amenaza no es una agre­sión exterior, sino un conflicto interno. Por­que En América es por encima de todo una reflexión sobre la familia. No la familia idílica de La casa de la pradera, sino una familia marcada por el dolor y que necesita un intenso trabajo de purificación. Pero los profundos lazos de amor que hay en esa familia harán posible que cada uno vaya afrontando con éxito sus propios fantasmas. Y hay un fantasma común: la muerte en el pasado de Frankie, el único hijo varón, que murió a los dos años de un tumor cerebral. La madre afronta ese drama con voluntarismo (“Hay que hacer como si fuésemos actores”); el padre, con una especie de ataraxia nihilista cargada de odio hacia Dios (“Le juré a Dios que no me volvería a ver llorar”; “Yo ya jamás me arrodillo”); sin embargo, las niñas lo afrontan con dolor maduro, con fe en Dios y en la inmortalidad de Frankie.

Aunque hay una cierta confusión entre magia y fe, lo cierto es que Jim Sheridan (Dublín, 1949) no sitúa el sueño americano en sus claves habituales de éxito profesional y económico, si­no en el éxito de la propia salvación. Es una recuperación fresca y original de ese In God we trust que rezan los billetes de dólar. En cualquier caso, se trata de una película conmovedora, dura y esperanzada, en la línea de Capra, De Sica y Kazan, aunque más explícita en su tratamiento del sexo. Y por cierto, no se pierdan su posición respecto al aborto.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Declan Quinn
  • Montaje: Naomi Geraghty
  • Música: Gavin Friday, Maurice Seezer
  • País: Irlanda
  • Distribuidora: Fox
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