Enemigo a las puertas: Se buscan héroes

Enemigo a las puertas | Un joven pastor de los Urales llega a una Stalingrado asediada por las tropas nazis. Los oficiales del Ejército Rojo lo sacan a empujones del vagón de tren en el que viaja junto a otro puñado de soldados tan asustados como él. Ante sus ojos se despliega todo el horror de la guerra, que alcanzó en Stalingrado una de sus máximas expresiones. ¿Qué actitud seguirá este anónimo peón de los egocentrismos de Hitler y Stalin?

El espectacular despliegue de Enemigo a las puertas responde a los 90 millones de presupuesto de una de las mayores superproducciones europeas de la historia. Pero ésta no es una gran película por eso. El dinero no sirve sólo para el alarde técnico, sino que envuelve una majestuosa resurrección de la épica en su estado más puro.

Porque la elección de Yuri, el joven pastor de los Urales, un magnífico Jude Law, es el heroísmo. Su puntería, afinada en la caza de los lobos en su tierra natal, le convierte pronto en un ídolo de las tropas soviéticas, desmoralizadas por el imparable avance de la Wermacht. Un comisario político del Ejército Rojo, interpretado por Joseph Fiennes, reconoce el carisma del joven y valiente soldado y lo lanza al estrellato mediático: Yuri es el francotirador que todos los oficiales nazis temen.

En este punto, el guión de Enemigo a las puertas separa inteligentemente dos cuestiones. Por un lado, el abuso de un sincero sentido del deber y el compromiso por las autoridades soviéticas quedan perfectamente subrayados por la despótica y cínica figura de Krushev, comandante en jefe soviético en Stalingrado, y su corte de aduladores, a los que sólo les interesa el heroísmo si es amortizable políticamente.

Pero por otro lado, lo que proporciona la verdadera sustancia a la película es el hecho en sí del heroísmo y la autenticidad y solidaridad que éste desprende. Los soldados que se juegan todos los días la piel necesitan apoyarse en la hermosa figura de un desconocido pastor, de un hombre del pueblo, que demuestra de lo que es capaz el ser humano cuando supera la mezquindad y el temor. Yuri es un buen hombre, sin doblez, de los que apenas quedan en el cine. En una escena paradigmática, decide no matar a un vulnerable soldado nazi: él sólo dispara sobre oficiales.

La cámara se centra, así, en el interior de Yuri, un héroe que adquiere su dimensión más clásica cuando ha de enfrentarse en un duelo a otro hombre, otro héroe que simboliza el lado oscuro de la fuerza moral del individuo: un mítico tirador de la Wermacht viaja desde Alemania con el único objetivo de acabar con el mito del pastor de los Urales.

Comienza una apasionante persecución por la ciudad, una serie de encuentros medidos en la que los dos francotiradores de élite no se ven pero se intuyen, oyen silbar las balas del otro. Yuri conoce el miedo. No a la muerte, con la que convive a diario sin más traumas, sino a defraudar a todo un país que no duda de su victoria sobre el héroe nazi, que Ed Harris encarna de forma magistral.

Así, la película va cerrando el objetivo alrededor del duelo y va adquiriendo poco a poco, en un formidable crescendo, la calidad épica de los westerns clásicos. Al final, el espectador sale recompensado con un premio poco común en este cínico cambio de siglo: el reconfortante ejemplo de los héroes. Queremos héroes.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Robert Fraisse
  • Montaje: Noelle Boisson, Humphrey Dixon
  • País: EE.UU
  • Año: 2001.
  • Estreno: 6 abril 2001