Espacio interior: La imaginación al poder

Lázaro es un arquitecto, padre de familia, muy bien situado social y económicamente. Un día, al salir de casa, es secuestrado por una banda que sólo busca dinero rápido. Pero las negociaciones se dilatan y Lázaro debe permanecer encerrado en un zulo durante casi un año. Deberá desplegar todos sus recursos psicológicos y afectivos para no enloquecer. En ese proceso su fe católica jugará un importante papel.

La película parte de un planteamiento arriesgado desde el punto de vista dramático: la acción se limita a un pequeño espacio, y gravita sobre un solo actor. Aunque ciertamente los secuestradores tienen sus esporádicas apariciones, y vemos algunos insertos imaginarios de la familia de Lázaro, es fundamentalmente el actor Kuno Becker quien lleva todo el peso de la evolución dramática de la historia. De hecho, la interpretación es casi lo más difícil de la película. Becker tiene que desplegar todos sus registros para mostrar en el lapso de noventa minutos estados de ánimo de desesperación y esperanza, angustia y serenidad, ímpetu y depresión… sin caer en el histrionismo ni en transiciones forzadas.

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Toda la película es el despliegue dramático de la metáfora inicial: Lázaro corre una maratón, sudoroso y esforzado, ante la mirada estimulante de su familia. El secuestro va a ser otra maratón en la que el personaje deberá emplearse a fondo. Él es un hombre con fe, que también pertenece a una familia creyente. Familia y fe van a ser los dos pilares sobre los que él va a construir su supervivencia. Se da cuenta de que para no sucumbir al desaliento, necesita mantenerse activo física, psicológica y espiritualmente. Para ello diseña una sana rutina en la que se combinan los momentos de ejercicios gimnásticos, la oración y la lectura de la Biblia, con el aseo personal y limpieza del zulo. Y todo ello atravesado de la continua memoria del amor de los suyos, especialmente su esposa y los niños, a los que él imagina continuamente y con los que finge mantener algún tipo de relación.

En este sentido, cuando él se autoescribe una carta firmada por su hermano, recuerda a Wilson, aquella pelota de la película Naufrago (Robert Zemeckis, 2000), y que era un recurso imprescindible de alteridad para mantener la salud mental. Saber que alguien piensa en ti, como decía aquel personaje de Princesas (Fernando León, 2005), es necesario para vivir.

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Ficha Técnica

  • Fotografía: Juan José Saravia
  • Música: Javier Umpiérrez
  • Duración: 89 min.
  • Distribuidora: European Dreams Factory
  • Público adecuado: +16 años (V)
  • Estreno en España: 7.11.2014

México, 2012

Reseña Panorama
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Juan Orellana
Profesor de Narrativa Audiovisual. Escritor