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De óxido y hueso

En la senda de Un profeta, pero muy por debajo de ésta, Audiard rueda un drama de superación bien interpretado pero escaso de guión.

Dirección: Jacques Audiard  Guión: J. Audiard, Thomas Bidegain  Fotografía: Stéphane Fontaine  Montaje: Juliette Welfling  Música: Alexandre Desplat  Intérpretes: Marion Cotillard, Matthias Schoenaerts, Céline Sallette, Bouli Lanners, Armand Verduse  Distribuidora: Vértigo  Duración: 120 minutos  Público adecuado: Mayores de 18 años (V+X+)

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Francia, Bélgica. (De rouille et d’os). 2012. Estreno: 14/12/2012.

Almas mutiladas

Después de un par de títulos muy meritorios –Un héroe muy discreto, De latir mi corazón se ha paradoJacques Audiard convenció hace dos años con un du­ro drama carcelario, Un profeta, que conquistó a la crítica y recogió premios allí por donde pasó. Se esperaba mu­cho de su siguiente película anunciada como un po­deroso drama protagonizado por Marion Cotillard (que son palabras mayores).

Falsas esperanzas. De óxido y hierro comparte algunos ras­gos con Un profeta; un estilo cuasi documental, el mo­do nervioso de mover la cámara, una magnífica fo­to­gra­fía quemada, un envoltorio visual muy podero­so y una buena dirección de actores. Comparte también un cier­to tipo de personajes que se mueven en los estrechos már­genes que la sociedad, la mala suerte o ellos mismos les dejan. En este caso, los protagonistas son un treinta­ñe­ro absolutamente básico, padre de un hijo de siete años al que apenas conoce y al que no sabe cuidar, que mal­vive con empleos en la frontera del delito y cuya úni­ca motivación es el sexo rápido y sin compromiso, y una joven cuidadora de orcas que, por un dramático accidente, pierde las dos piernas a la altura de la rodilla.

Pronto la relación entre ellos se va a focalizar en el se­xo, un sexo despersonalizado y frío, suficiente para él pero no para ella, que le pide en un momento dado que “sigamos juntos, pero no como animales”. Ésta es la clave de la historia, dos personajes animalizados, que han tirado la toalla y se han rendido a la desespe­ra­ción, a lo cutre, a lo inmoral, al delito y que, a lo lar­go de la película, tratarán de seguir adelante “pero de otra manera”. Dicho así queda muy bien, y la reali­dad es que hay momentos interesantes y la reflexión de cómo un cuerpo roto y un alma mutilada tratan de en­contrarse y redimirse podría haber dado lugar a una pe­lícula de gran riqueza, pero el problema es que la his­toria está mal contada, o mejor dicho, la historia en vez de rica parece pobre y se va quedando enganchada hasta el tramo final que, por otra parte, resulta ex­cesivamente previsible.

A la película le falta hondura, diálogos, evolución de los personajes: en definitiva, le falta guión. Y no se puede contar una historia así sin profundidad y bue­na escritura porque, al final, la sensación de artifi­cio puede con el resto. Y lo que se presenta como un po­tente drama puede terminar muy cerca de un convencional melodrama de superación. Ojo, no lo es… pe­ro coquetea con la posibilidad.

Audiard, además, tiene fallos de principiante como su­brayar los defectos del protagonista con situaciones muy vistas o cargar excesivamente la mano en unas es­cenas escabrosas innecesariamente explícitas que aca­ban descompensando la historia.

Al final quedan dos magníficos actores vagando co­mo almas en pena por una película oscura, incómoda, muy violenta, bien rodada, muy interesante a ratos, que promete mucho y que da menos de lo que se espe­ra­ba.

Ana Sánchez de la Nieta