El capital

El director francés de origen griego firma una de las películas más flojas de su carrera, adaptación de una novela de Stéphane Osmont. Un  relato previsible y prosaico, donde cualquier matiz es enviado al banquillo de inmediato. 

 Costa-Gavras  Guión: Costa-Gavras, Jean-Claude Grumberg, Karim Boukercha   Eric Gautier  Montaje: Yannick Kergoat, Yorgos Lamprinos   Armand Amar   Gad Elmaleh, Gabriel Byrne, Natacha Régnier, Céline Sallette, Liya Kebede  Distribuidora: Emon   114 minutos  Mayores de 18 años (X)

Francia. (Le capital). 2012. Estreno: 30/11/2012.

Un aburrido mitin

«Somos esclavos del capital. Nos tambaleamos cuando se tambalea. Nos regocijamos cuando crece y triunfa. ¿Quién nos liberará? ¿Deberíamos liberarnos nosotros? Deberíamos conocer al menos a los que lo sirven y cómo lo hacen», ha declarado el anciano Costa-Gavras, autor siempre de eso que se llame cine denuncia.

Pregunta retórica que retrata a la perfección la película, un ridículo mitin con unos personajes y una historia que causan sonrojo y que logran todo lo contrario de lo que pretende el autor de títulos más importantes como Z y La caja de música.

Tan prosaico y grotesco es el guiñol que monta Costa Gavras que te desentiendes del conflicto, del tema, de las consideraciones. El reparto, con un Gabriel Byrne desencajado y gritón y un Gad Elmaleh  sin posibilidades de dar vida a un personaje esquemático y grotesco, no sobrevive al envite y se instala en un larguísimo y mecánico atolladero de 114 minutos, por el que discurre un  relato previsible y prosaico, donde cualquier matiz es enviado al banquillo de inmediato.

El relato da para un sketch no muy largo de un talk show. Algo parecido debieron pensar las productoras francesas: ninguna se interesó por la película, como Costa-Gavras se ha encargado de decir, con ocasión y sin ella.

«Ningún gobierno del mundo ha conseguido establecer reglas con los bancos, que lo único que hacen es poner a trabajar el dinero para producir más y más dinero. Son los bancos norteamericanos quienes de momento están impidiendo esas reglas bancarias. Una buena globalización sería conseguir la regulación mundial de la banca» dice Costa-Gavras. Pues vale, hombre, pero cuéntalo mejor.

Alberto Fijo