El hombre de las sombras: Nada es lo que parece

El hombre de las sombras: El director francés de la tremenda «Martyrs» templa su tono narrativo en su salto al cine norteamericano

Ofrecer un análisis de la última película de Pascal Laugier, sin desvelar su trama, es particularmente complicado. Tras la polémica levantada por la tremenda Martyrs, Laugier se estrena en el cine de habla inglesa con una obra más sosegada y menos agresiva. Figura fundamental del panorama del terror actual, este cineasta francés es bien conocido por su savoir faire técnico y su capacidad de manipulación de los parámetros del género para llevar al espectador a nuevos e inesperados territorios -aunque en el caso de Martyrs esos derroteros rocen la náusea.

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Versátil y consciente de que este tipo de relatos no podrían ser exhibidos ante un público mayoritario, Laugier vira hacia una producción más comercial con El hombre de las sombras (The Tall Man), donde retrata la mísera vida de Cold Rock, un pueblo de la Norteamérica profunda que es testigo impotente de la desaparición de sus hijos a manos de una siniestra figura bautizada como The Tall Man. En medio de este caos de resentimiento y pobreza vive Julia, una joven viuda que ayuda a los lugareños a pesar de la palpable hostilidad que le muestran.

Desde un comienzo pausado y descriptivo, el relato da paso a un primer punto de giro confuso, impactante y seductor. Laugier no solo demuestra su capacidad para rodar una buena y prolongada escena de acción, sino que además rompe la narración con un giro de 180 grados que deja al espectador atónito y expectante; un revés que se convierte en el mayor acierto de la película, una cualidad desgraciadamente poco habitual en el género y que, sin embargo, Laugier vuelve a emplear con mano diestra como ya hiciera en su film anterior.

Sin embargo, estos aciertos van acompañados de una ma­nipulación engañosa. Evidentemente juega con las pre­concepciones del espectador para desmontarlas, pe­ro e­se anhelo de sorpresa no justifica que se cuenten falsedades para lograr la sorpresa. Dada lo extendi­da que está di­cha práctica en los relatos ci­ne­matográficos de terror, he­mos de decir a favor de Lau­gier que es un recurso que u­sa escasamente, pero que demuestra que la historia tie­ne una carencia fundamental: la poca verosimilitud del de­tonante de la his­toria. Si de realismo se trata, la forma de­ comportarse de los personajes, fundamentalmente el de­ la señora Johnson, poco tiene que ver con una situación creí­ble, desembocando en una vuelta de tuerca en la­ que el guión se ve mermado por el lastre de esos pe­que­­ños detalles que ayudan a que aumente el desconcierto, pe­ro que mitigan la credibilidad.

Esto no impide que la película funcione, que enganche y­ que nos dejemos atrapar por su composición, rit­mo, mon­taje y dirección. Además, El hombre de las som­bras plantea un peliagudo debate moral, un dilema que queda es­bozado pero que no se resuelve ni matiza, un elemento re­currente del director que cierra abruptamente sin solución aparente, y que deja un amargo sa­bor de boca ante u­na historia de la que se podría ha­ber sacado un mayor partido.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Kamal Derkaoui
  • Montaje: Sébastien Prangère
  • Música: Todd Bryanton
  • Distribuidora: DeAPlaneta
  • Duración: 106 minutos
  • Público adecuado: Mayores de 18 años (V)
  • Estreno: 4/1/2013.

EE.UU./Francia/Canadá (The Tall Man, 2012)

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