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El vuelo (Flight)

El director de Regreso al futuro deja la animación después de doce años de despropósitos y acierta con un drama a la altura de sus mejores películas. ****

Dirección: Robert Zemeckis Guión: John Gatins  Fotografía: Don Burgess  Montaje: Jeremiah O´Driscoll  Música: Alan Silvestri  Intérpretes: Denzel Washington, Kelly Reilly, John Goodman, Don Cheadle, Melissa Leo  Distribuidora: TriPictures  Duración: 138 minutos  Público adecuado: Mayores de 18 años (XD)

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EE.UU. (Flight). 2012. Estreno: 25/1/2013.

Vuelta a la realidad

El capitán Whip Whitaker (Denzel Washington) es un piloto comercial que goza de un gran prestigio en la aerolínea en la que trabaja desde hace años, a pe­sar de ser alcohólico, drogadicto y mujeriego. Sin em­bargo, un complicado vuelo pondrá al límite su ta­lento y reflejos, además de amenazar su imagen de pro­fesional honesto e intachable.

Desde que en el año 2000 Robert Zemeckis roda­se Náufrago, una de sus mejores películas, este ami­go y socio habitual de Steven Spielberg (¿Quién en­gañó a Roger Rabbit?, Regreso al futuro) se ha dedicado plenamente a la animación digital con escaso éxi­to (Polar Express, Beowulf, Cuento de Navidad). Ni técnica, ni artísticamente estas carísimas películas pudieron acercarse a la calidad que en las últimas dé­cadas ha impuesto la productora Pixar.

Algún buen amigo de Zemeckis ha debido darle el con­sejo de volver a la imagen real con la que logró 6 Os­car por Forrest Gump. El vuelo parte de una his­to­ria verídica que ha sido dramatizada para mostrar un viaje a lo más degradante del alma humana. Den­zel Washington, que llevaba años deambulando por el cine comercial más prototípico (Asalto al tren Pel­ham 123, Imparable, El invitado), se luce con un per­so­naje muy matizado que, a pesar de sus mise­rias, nun­ca deja de conmover y caer bien al espectador.

El guión del especialista en cine deportivo John Ga­tins (Coach Carter, Hardball, Acero puro) sabe acom­pañar al personaje principal con secundarios muy bien definidos e interpretados por Don Chead­le, Kelly Reilly (mujer de Watson en Sherlock Holmes, de Ritchie) y Melissa Leo (una aparición brevísima, pero magistral). Gracias al medido libreto, el rit­mo de la historia aguanta muy bien el generoso me­traje.

Zemeckis demuestra que sabe dirigir escenas de acción como pocos (los 15 minutos del vuelo son trepidantes), y también planificar y dar el tempo nece­sa­rio a las escenas dramáticas. La partitura mi­nimalista de su compositor habitual (el maestro Sil­vestri) aporta la intensidad y emoción justas a la his­toria. Y se agradece que cada vez más directores se atrevan a prescindir de la música en una esce­na de acción que ya tiene sonoridad e impacto emo­cio­nal suficiente.

Sorprenden, en una película tan profunda y medi­da, los 10 minutos iniciales en los que se cuenta la de­gradación de los protagonistas de una manera tan sim­ple, mecánica e impersonal. Este innecesaria zafiedad daña también al personaje de John Goodman, que no sale en ningún momento de su cliché de camello gordo y hortera.