Hitchcock: Y Hitch se hizo macguffin… para Alma

Un buen acercamiento al matrimonio Hitchcock en los tiempos de Psicosis, un poco a la manera acuarelística de la admirable Mi semana con Marilyn. 

No sé muy bien por qué parece casi obligado usar una oración adversativa para describir la película que nos ocupa: “está bien, pero es poquita cosa, un simple entretenimiento.” Algo parecido ocurrió con Mi semana con Marilyn.

Ambas me parecen películas inteligentes, cultas, interesantes, amenas. Bien escritas y rodadas. Son exponentes de un cine sobre cine que es capaz de entretener y estimular al que sabe poco y, también, al que sabe mucho sobre los personajes y los temas retratados.

Sacha Gervasi ha hecho una película que para los que conocemos el cine de Hitchcock y la historia del cine norteamericano es una delicia, aunque ciertamente el título oportuno hubiera sido Los Hitchcock o Hitchcosis. Quien se sorprenda de lo que se cuenta en la película no conoce la manera de trabajar de los grandes estudios en el Hollywood de los 50 y 60. Quien lo haga con la manera de comportarse de Hitch (siempre actuando, en público y en privado) y su pelea por ser la estrella en los rodajes y en su relación con el público (the audience) desconoce la personalidad de este realizador, que se convirtió a sí mismo en un personaje que reclamaba que el foco le apuntase como creador en un mundo dominado por los actores y en el que la televisión estaba haciendo estragos.

Siempre hay espectadores y críticos que, cuando se trata de películas sobre personajes reales, si no les pones por delante algo convencional no se sienten satisfechos. Se puede pintar al oleo y usar un gran formato. Y puede quedar muy bien. Y se puede hacer una acuarela y dotarla del encanto característico de esa técnica. Lo que parece inapropiado es juzgar una acuarela con los parámetros válidos para el oleo.

Encuentro en Hitchcock muchos aciertos: además de los ya mencionados, un diseño de producción excelente, un casting brillante y una realización notable en una película que funciona como un reloj, siguiendo el esquema habitual en casi todo el cine de Hitch: contar una historia de amor que se desarrolla dentro de una trama de suspense.

Me parece inteligente situar a Alfred Hitchcock y Alma Reville en ese momento tan interesante, la gestación de Psicosis, en 1959-60. Y me parece aún más inteligente acercarse al tono de un Truffaut que al de Spotto, con secuencias breves y chispeantes, sin pretender recargar la película con discursetes impostados. La lectura de la novela en el dormitorio, el juramento en el plató, el encuentro en la piscina, el estreno de la película me parecen secuencias muy logradas.

Hopkins, rodeado de muy buenos actores, borda el personaje, aunque evidentemente para apreciar su trabajo es necesario oir al actor británico y haber oído y visto a Hitch no solo en las presentaciones de su serie de TV sino en algún acto público, como el discurso de agradecimiento al premio que le concedió el American Film Institute en 1978, sentado al lado de Alma.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Jeff Cronenweth
  • País: EE.UU.
  • Año: 2012
  • Distribuidora: Fox
  • Duración: 98  minutos
  • Público adecuado: Mayores de 16 años
  • Estreno: 1/2/2013

 

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Reseña
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Fernando Gil-Delgado
Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.