La saga Crepúsculo: Amanecer – Parte 2: Adiós Bella, adiós

En la inspirada e interesante Liberal Arts -que se estrenará en España dentro de unas semanas-, un joven profesor treintañero se escandaliza de que una universitaria esté leyendo La saga Crepúsculo: Amanecer. «¿La has leído? -le pregunta la joven- ¿Por qué juzgas entonces?». La escena acaba con el profesor chupando letras cual vampiro y sentenciando: «es peor de lo que pensaba».

Confieso que me siento como ese profesor. He leído las cuatro novelas y he visto las cinco películas, así que puedo decir con autoridad que la saga es mala. Y que sigo sin entender el fenómeno por el que millones de adolescentes -y no tanto- caen rendidas -y algún rendido- ante esta pareja insulsa cuyo horizonte vital -teniendo en cuenta la falta de chispa de sus acciones y conversaciones- se me antoja tremendamente aburrido. Pero no hay mal que cien años dure y todo lo que empieza tiene un final.

Este final ha llegado a la quinta. Vistas las recaudaciones, los productores de la saga decidieron que, aunque no quedaba historia, el cuarto tomo de la novela de Stephanie Meyer se podía dividir en dos películas.

Si la primera parte de Amanecer era básica, en esta el argumento es risible: Edward y Bella ven cómo su hija crece a una velocidad de vértigo mientras el hombre lobo -que se ha imprimado con la pequeña y ya no está interesado en Bella– vigila su crecimiento. Después hay una batalla entre los vampiros italianos y la familia Cullen y amigos. Y nada más.

Entremedias continúan las miradas arrobadas, los gestos de nostalgia y profundo sufrimiento, las medias sonrisas supuestamente irresistibles de Edward, los pensamientos en off de Bella, que convertida en vampiro es más feliz que una perdiz, «me siento más viva que nunca», dice a modo de climax dramático rodeada de luz, su ración de sexo y su ración de gore.

Porque en este Amanecer tan rosa hay mucha sangre, en la parte 1 por el parto y en la 2 porque el modelo de romperle la cabeza al vecino -mira qué bien nos ha quedado este efecto- se repite hasta la saciedad. Todo muy alargado porque hay que rellenar 115 minutos de nada. Y con varios finales, que eso de terminar cinco o seis veces, viste mucho. Y con un broche final dirigido a producir en algún incauto fan el deseo de seguir revisando la saga. Aunque a este fan de paladar estragado por exceso de best seller edulcorado, yo me ofrezco a darle unos cuantos títulos de películas románticas de verdad, o de acción, o de lo que sea. O, si le gustan los vampiros, le dejo -como Josh Radnor en Liberal Arts a la joven universitaria- el Drácula de Bram Stoker. Y luego, hablamos. De libros y de películas, de los buenos.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Guillermo Navarro
  • Carter Burwell
  • País: EE.UU.
  • Año: 2012
  • Distribuidora: Aurum
  • 115 minutos

The Twilight saga: Breaking dawn – Part 2