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Las flores de la guerra

Con un presupuesto de superproducción y un reparto internacional, Yimou adapta una novela sobre uno de las grandes tragedias de la historia de China. ***

Dirección: Zhang Yimou Guión: Liu Heng Fotografía: Xlaoding Zhao Montaje: Peicong Meng Música: Qigang Chen Intérpretes: Christian Bale, Ni Ni, Xinyi Zhang, Shigeo Kobayashi, Atsurô Watabe Distribuidora: European Dreams 146 m. Público Adecuado: +18 años (VXD)

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China (Jin líng shí san chai). 2011. Estreno: 8/3/2013

Refugio en Nanking

La masacre de Nanking es uno de los episodios más tris­tes de la historia de China. El 13 de diciembre de 1937 las tropas japonesas tomaron la capital, mientras los comandantes chinos huían y dejaban expuestos a mi­les de soldados y civiles indefensos a los asesinatos, tor­turas y vio­laciones cometidos por el ejercito nipón.

Junto con la taquillera Hero, Las flores de la guerra es la su­perproducción más ambiciosa e internacional de Zhang Yimou. La primera fue nominada al Oscar a la me­jor película extranjera en 2003, la segunda quedó fi­nalista al Globo de Oro de esa misma candidatura en 2012. Para lograr esta repercusión, el director ha contado con un diseño de producción imponente (el presupuesto casi ha llegado a los 100 millones de dó­lares) y un actor carismático: Christian Bale (que curiosamente empezó a hacer cine en una gran película de ar­gumento bélico en terreno nipón: El imperio del sol, la obra maestra de Spielberg).

El actor gales interpreta al norteamericano John Miller que, en medio del asedio nipón, se refugia en una ca­tedral católica haciéndose pasar por un sacerdote. Jun­to a él, un grupo de adolescentes pretenden sobre­vi­vir. También un grupo de prostitutas intentará compartir el refugio.

En manos de otro director, la historia degeneraría en un brutal y escandaloso choque entre cortesanas, in­genuas quinceañeras y un pícaro disfrazado de cura. Pe­ro, como bien indica el título, la película (basada en los hechos reales contados en la novela de Yan Geling), intenta rescatar los restos de belleza, de bondad que florecen en medio de la guerra. Jugando con el tí­tulo de la obra cumbre del poeta maldito Baudelaire (Las flores del mal), Yimou presta atención a la bondad refugiada que sobrevive en medio de la tragedia.

Como es habitual en la obra del director chino, el uso del color es fundamental. En concreto, es muy significativo el contraste entre los tonos pardos y grisáceos del campo de batalla y los colores vivos de las vi­drieras de la catedral y los vestidos de las mujeres de la calle. También la música vuelve a ser un recurso fun­damental en una película de Yimou que expresa la belleza inmortal que sobrevive en los cantos del co­ro católico de adolescentes y las melodías orientales del grupo de cortesanas.

El problema es que la película funciona mucho mejor en la guerra que en la paz, en la trepidación del combate que en los matices de la historia dramática. Se echa de menos la sugerencia y sutileza que el director chi­no ha mostrado tantas veces (La joya de Shanghai, Vi­vir, Ni uno menos, Amor bajo el espino blanco). La pe­lícula se hace larga y los personajes no conmueven lo que deberían. Ciudad de vida y muerte, de Luan Che, es un retablo mucho más rotundo, lírico y matizado de la matanza de Nanking.

Claudio Sánchez

Web oficial de la película