Ferrari: Entre dos accidentes

· Crítica de Ferrari | Estreno 9 de febrero de 2024.
· Adam Driver consigue una de sus mejores interpretaciones, llena de pequeños detalles, sutiles, que humanizan a un hombre que, falta de ellas, sería un simple ciborg.

Michael Mann lleva años explorando personajes emblemáticos y mostrando que tienen los pies de barro. El caso de Enzo Ferrari es uno de ellos, y harto emblemático: un héroe para los italianos, un gigante que levantó un imperio y creó una de las escuderías más importantes del mundo para el resto. Para Michael Mann, un hombre atormentado que buscaba su lugar en el mundo.

En 1957 Ferrari está en crisis: Enzo está a punto de cumplir los 60 años, su escudería está al borde de la bancarrota, su hijo y heredero Dino ha fallecido de cáncer y su matrimonio se va a pique. Se ha distanciado de Laura, su mujer y socia en la empresa, y tiene una amante en Módena, que le ha dado un hijo que podría sustituir al heredero perdido, aunque todavía no se atreve a reconocerlo. La solución de muchos de sus problemas pasa por ganar la carrera de las 1.000 millas (la Mille Miglia) y a esta operación dedica Michael Mann dos horas en las que se ven los problemas de la escudería y sus pilotos, los rivales a los que se enfrenta -sobre todo Maserati-, el acoso de la prensa, los problemas financieros y los de pareja. Mann muestra a Ferrari como una de sus máquinas, frío, calculador, impasible, moviéndose incesantemente de un lado a otro, afrontando a toda velocidad diversos retos, buscando -sin saberlo- un terreno seguro y un camino a seguir.

La película está contada entre dos accidentes: el primero se produce al comienzo de la película, cuando intenta batir un récord; el segundo hacia el final de la cinta, cuando la carrera de las 1.000 millas está llegando a su término. También enmarcan el relato dos conversaciones con su difunto hijo. En la primera le confía sus problemas; en la segunda, al final, le vemos sonreír satisfecho, por primera vez. Ahora ha encontrado su camino.

Inicialmente Michael Mann da pocas pistas, el profano puede encontrarse perdido y sin contexto, entre mujeres, pilotos, carreras y banqueros. Pero, merced a una magnífica fotografía y a un montaje soberbio, cada uno de los elementos fluye -en lugar de dar bandazos- y contribuye a dar sentido a la historia, al retrato de Ferrari. Un hombre que, a falta de saber qué quiere de verdad -mantener la empresa en la familia, un heredero-, necesita correr y no es capaz de concederse un descanso.

Adam Driver (Historia de un matrimonio, El último duelo) consigue una de sus mejores interpretaciones, llena de pequeños detalles, sutiles, que humanizan a un hombre que, falta de ellas, sería un simple ciborg. Junto a él Penélope Cruz compone un gran retrato de la dama italiana que sabe que su hogar se ha enfriado pero debe mantener la cabeza alta. Shailene Woodley, mucho más discreta, es la otra y resulta un contrapunto adecuado.

La realización es impecable, la ambientación y fotografía de Erik Messerschmidt son extraordinarias, siempre en movimiento y a la vez firmemente ancladas en el terreno, carreras e interiores, nocturnas y diurnas. El montaje de Pietro Scalia consigue que las transiciones de una escena doméstica a una carrera, que son continuas, sean fluidas. La banda sonora de Daniel Pemberton engancha con Le Mans y crea dramatismo.

Sin duda el personaje puede resultar distante y la cinta un poco fría, pero sí es un gran retrato realizado con maestría y admiración al constructor italiano.

Ficha Técnica

  • FotografíaErik Messerschmidt
  • Montaje: Pietro Scalia
  • Música: Daniel Pemberton
  • Duración: 130 min.
  • Público adecuado: +18 años (X)
  • Distribuidora: Diamond
  • EE.UU., 2023
  • Estreno: 9.2.2024
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Reseña
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Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.