Fuerza mayor: Alud interior

Ruben Östlund desencadena un alud de rencores y malos entendidos conyugales a propósito de una tragedia frustrada, la amenaza de una avalancha de nieve en una flamante pista de esquí francesa, donde transcurre la semana de vacaciones de una familia ideal de Ikea.

Y aunque todo queda en un buen susto, una explosión controlada algo excesiva, «el hecho» -lo que la esposa sabe que ha pasado pese a no haber pasado nada- produce en el núcleo familiar una oleada de resentimiento de siete días de duración que arrastra con su fuerza centrípeta todo lo que encuentra a su paso y pone patas arriba la estabilidad y tranquilidad del hogar.

Psicología femenina versus psicología masculina. De eso trata Fuerza mayor. Y del amor con sus fragilidades, sin utopías ni platonismos. Polanski ya había abordado la cuestión magníficamente en Un dios salvaje, adaptando la obra de teatro de Jasmina Reza sobre dos matrimonios que intentan zanjar civilizadamente una pelea de sus retoños y acaban tirándose los trastos a la cabeza uno a otro y cada uno con su propio cónyuge. Östlund sitúa el epicentro de la crisis en la familia y cambia el salón de Polanski por un cuadro alpino idílico pero más claustrofóbico si cabe.

La blancura de la nieve, la sensación de libertad al aire libre, la pauta establecida del deporte con la rutina de su maquinaria enfatizada por la banda sonora, el ridículo resort turístico donde se alojan, toda la estética visual de relax está cuidadosamente elegida para chocar frontalmente con el caos interior. Ahí radica la genialidad de Turist, seleccionada para representar a Suecia en los Oscar, y ganadora del Giraldillo de Oro y el Premio al mejor guión en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, el premio del Jurado en Cannes y una buena cosecha de nominaciones en los Globos de Oro, los Premios EFA, etc.

Ahí, y en los matices psicológicos desvelados progresivamente en magníficos diálogos, y en el tono tragicómico con que éstos se muestran provocando en el espectador la sonrisa y la carcajada catártica ante unos personajes –Ebba y Tomas– que podríamos ser cualquiera de nosotros en situaciones similares.

Los actores principales encarnan estupendamente los sentimientos in crescendo de trauma, incomprensión y frustración -ella- y desconcierto, rechazo y vergüenza -él- ; y los secundarios -los niños, el empleado de los apartamentos y la pareja de hippies, como espejo de las desavenencias matrimoniales- aportan los múltiples reflejos de una pieza bien tallada.

Östlund transita con acierto por las relaciones familiares sin obviar el daño que produce la falta de comprensión mutua, el enrocamiento en las propias posturas y su efecto en el eslabón más débil de la cadena: los hijos. También hay una mirada irónica -a veces feroz- hacia los roles masculino y femenino, a sus excesos más bien, pero sin cargar las tintas en el cliché ideológico simplista y con una resolución abierta bastante inteligente que sortea el didactismo con eficacia y deja buen sabor de boca.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Fredrik Wenzel
  • Montaje: Jacob Secher Schulsinger
  • Música: Ola Fløttum
  • Duración: 118 min.
  • Distribuidora: Golem
  • Público adecuado: +16 (X-)
  • Estreno en España: 27.2.2015

Turist (Force Majeure). Suecia-Francia-Noruega, 2014

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Reseña
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Cristina Abad
Periodista. Máster en Guion, Narrativa y Creatividad Audiovisual por la Universidad de Sevilla