Gangs of New York: Too much violence

Gangs of New York | Un libro de Herbert Asbury, un periodista que logró celebridad en 1926 con un reportaje sobre una prostituta que conseguía clientes en los cementerios, es el origen de esta larga película de Scorsese, rodada en los estudios romanos de Cinecitta. Gangs de Nueva York (la acaba de editar Edhasa en español) se publicó en 1928 y cuenta mil historias de bandas y bandidos en la Gran Manzana entre 1800 y 1925.

Según parece, el director de la magnífica Toro salvaje leyó la novela en 1970, y desde entonces soñaba con llevarla al cine. Es llamativa la descompensación que existe entre la vulgaridad del guión -pobre y elemental- y la cuidadísima realización -de un barroquismo perfeccionista, a ratos, muy brillante- de esta larga, costosa e hiperviolenta película que vuelve a poner sobre la mesa la enfermiza fascinación de Scorsese por la violencia, el crimen organizado y la marginalidad. No se entiende muy bien que pretende el director con una película pretendidamente épica protagonizada por «matones estúpidos nacidos entre la miseria y la suciedad, criados entre el vicio y la corrupción» como dice Asbury en el prólogo del libro.

Los bandidos organizados en clanes que aterrorizaron con sus desmanes Lower Manhattan, la Cocina del Infierno y el cruce Five Points, convirtieron estos lugares en campos de batalla para dirimir su rivalidad por hacerse con el temor ajeno en el mundo del hampa. Con el concurso de la corrupción política, la miseria circundante y la emulación de los más jóvenes hacia el que consigue mucho a cambio de nada, el prestigio en los bajos fondos depende de la ferocidad inhumana de hombres que golpean primero y preguntan después. La batalla campal entre dos bandas en 1863, abre otra película de gángters, unos tipos con una valentía desesperada en un mundo dominado por las peleas, el sexo y la droga, parafraseando de nuevo al reportero Asbury.

Scorsese ha organizado este material como un carrusel de violencia esquizoide, con magníficas interpretaciones de Lewis y Di Caprio, unidos por una trillada relación paterno-filial, que resulta bastante pueril. No se entiende muy bien dónde quiere llegar Scorsese con eso de que su película es una parábola que ayuda a entender que la sociedad norteamericana está construida sobre la violencia. Scorsese quiere vestir de trascendencia una película que por la falta de entidad de sus personajes, por lo endeble de tramas y planteamientos, parece más bien un gigantesco capricho, en el que no podían faltar las ridículas obsesiones religiosas de un realizador que parece gozar de un crédito ilimitado y omnicomprensivo por parte de un sector de la crítica y el público europeos.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Michael Ballhaus
  • Montaje: Thelma Schoonmaker
  • Música: Peter Gabriel
  • País: EE.UU.
  • Distribuidora: Manga
Reseña
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Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor