Gente con clase: Humor mojado en té

Con el afán de recrearse en sus propios prejuicios, la literatura y el cine británicos han gustado de llevar a la ficción lo que acontece en su vida cotidiana, frecuentemente a través de la sátira. La última incursión viene de manos de Eric Styles, que en su segunda película adapta la obra teatral Relative values del celebrado Noël Coward. Sutil y elegantemente divertida, Gente con clase es una sorpresiva ensalada cómica ambientada en los años 50, que aliña la tradición de una familia de alta alcurnia con la parafernalia sofisticada de las glamourosas estrellas de Hollywood, a propósito de un affaire amoroso que va complicándose a medida que pasan los minutos.

Gente con clase es una lección de cómo hacer reír sin recurrir a la vulgaridad, a golpe de ingenio, buenos diálogos y chispeantes interpretaciones. Todo ello en 87 minutos sabiamente montados por Carolinne Limmer, que debe saber que una buena comedia -sin baches- no da para más de hora y media. Los personajes (nobleza, servidumbre, gente del cine) son creíbles gracias a la escritura de Coward, que Styles -con la inestimable ayuda de un reparto de altura- ha sabido leer de modo inteligente, huyendo del estereotipo sin alma, del énfasis del panfleto ideológico disfrazado de comedia. El personaje de la Condesa Marshwood nos permite volver a comprobar lo buena actriz que es la Andrews, que borda un papel envidiable por su riqueza de matices. En la versión original, la mezcla de la dicción inglesa y de la norteamericana eleva notablemente la comicidad, especialmente notable en las réplicas de Julie Andrews a William Baldwin.

Una excelente banda sonora, ejecutada por la Royal Philarmonic Orchestra, envuelve una trama llena de peripecias, en la que -a diferencia de lo que ocurre en tanta comedieta norteamericana actual- no hay altibajos. El rodaje en una despampanante mansión de la isla de Man aporta un toque de distinguida belleza al paisaje y la arquitectura de una película con empaque, de un cine con bastante clase.

Ficha Técnica

  • Argumento: basado en la obra de teatro de Nöel Coward
  • Fotografía: Jimmy Dibling
  • Música: John Debney
  • Título original: Relative Values 
  • País: Reino Unido
  • Duración: 87 minutos
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Reseña
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Laura Montero Plata
Doctora en Historia del Cine, Animación Japonesa y Cines de Asia Oriental