The good heart

The good heart
The good heart

The good heart | Una película tan original en la forma como previsible en la evolución de la historia (***)

Dirección y Guión: Dagur Kári Fotografía: Rasmus Videaek Montaje: Andri Steinn Gudmundsson Música: D. Kári, Orri Jonsson Intérpretes: Brian Cox, Paul Dano, Isild Le Besco, Stephanie Szostak, Damian Young Distribuidora: Alta Films. 95 m. +18 años (lenguaje crudo) 

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Islandia/Dinamarca/Alemania/Francia. Estreno en España: 4.6.2010

Corazones en Brooklyn

Aplaudida en los Festivales de Toronto y Gi­jón, The good heart narra la amistad entre Lu­cas, un marginado con tendencias suicidas, y Jacques, un viejo malhumorado que decide dar­le trabajo en su bar.

El poso de singularidad es evidente en el des­­file de los personajes, cada uno fuertemen­te caracterizado: Brian Cox (Match point, El mi­to de Bourne), con sus constantes arrebatos co­léricos; Paul Dano (Pe­que­ña Miss Sunshine, Po­zos de ambición), el hom­bre bueno hasta la mé­dula; Isild Le Bes­co (Je te mangerais), la mis­teriosa mujer de pocas palabras. Un trío que encaja y se complementa a la perfección. El sello del di­rector cuasi islandés es también muy evidente en la ambientación de un Nueva York de­cadente y misterioso, recreado de una for­­ma muy personal, como una especie de uni­­verso paralelo que fluctuara entre el rea­lis­mo y la fantasía. También en algunas es­cenas ciertamente divertidas y con un to­que de surrealismo. Y, por último, en la ban­da sonora, obra del propio director.

Pero, con todo, la historia -que apuntaba al­­to- acaba sucumbiendo al tópico más que saturado propio de telefilmes viscerales de so­bre­mesa. La caída se ve venir desde el prin­cipio, pero el director consigue mantener en vilo al espectador en una especie de jue­go entre lo original y lo previsible. Y, vis­ta la calidad de la película, uno confía en que, al final, venza lo primero. Por eso la decepción es doble. Aunque es una verda­dera pena, me parece que la película deja bas­tante que desear, so­bre todo porque lleva la firma de un director que se jacta de ha­ber permanecido al margen de la industria norteamericana.