Goya en Burdeos

País: España Dirección y Guión: Carlos Saura Música: Roque Baños Montaje: Julia Juániz Intérpretes: Francisco Rabal, José Coronado, Dafne Fernández, Maribel Verdú

Goya en el cielo con diamantes

Enjuiciar una película poco convencional, o por lo menos no muy usual, tendría que acarrear -¡por fin!- que la crítica no pudiera centrarse simplemente en lo calificable como bueno, malo, mejor o peor…; adjetivos que se usan cuando se cree que los parámetros de valoración parecen más o menos claros y objetivos; y así, la intención evaluativa pudiera tornarse -en mi opinión- más interesante, audaz y abierta para la reflexión.

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Esta perorata pseudoteórica me sirve para plantearme el Goya de Saura no como una obra al uso, sino como un Goya eminentemente surrealista, pictórico, documental y didáctico.

Carlos Saura no se cansa. Con treinta títulos a sus espaldas creativas, se ha empeñado en enseñarnos ahora el submundo mental del pintor en su más penoso declive físico, que no artístico, en el continuo acto re-productor de monstruos surreales, con una representación visual a caballo entre la pesadilla con toque buñuelista y un viaje lisérgico de, por ejemplo, Lennon y sus amigos. Un film con vocación documental y pedagógica, que asume la línea colorista y pictórica de la fotografía de Storaro, el cual ya demostró esta tendencia en Flamenco o Tango, y aquí lleva su realización al límite.

La Fura dels Baus ha contribuido a la borrachera visual con su granito de arena. Y en su esperada escenificación de Los desastres de la guerra, se han mostrado menos excéntricos de lo que creía, aunque el tema daba para ello (yo lo hubiera preferido…), logrando una mirada comprensiva. Supongo que para crear esa sintonía didáctica.

Película que parece estar hecha, en esencia, para los ojos, y que constituye una vuelta de tuerca más en la biografía del liberal pintor, recreando sin excesos -sólo algún apunte- el ambiente licencioso cortesano de la época (esto no es Volavérunt), además de los problemas políticos del momento y el recóndito interior estético de aquél que fue el precursor del arte moderno.

P.D. Puestos a elegir prefiero a Rabal antes que a Coronado (creo que el pintor tendría más de un gesto, además de ese del labio inferior prominente…, vamos, digo yo) y a la Verdú (que hace gala -más o menos justificada- de sus dotes de actriz).

Carlos Escaño González