Harry Potter y las reliquias de la muerte. Parte 1: Potter crece, la película también

Harry Potter y las reliquias de la muerte. Parte 1 / David Yates vuelve a dirigir, esta vez con mayor perspectiva y brillantez, logrando la adaptación más cinematográfica de la saga.

Con independencia de que a muchos les parezca el mejor libro de la saga, esta séptima adaptación es, sin lugar a dudas, la más lograda de todas. A años luz de las dos primeras de Chris Columbus, y a mucha distancia de las dos siguientes –Alfonso Cuarón y Mike Newell-, la nueva entrega continúa la marca de un Yates que en su tercer intento ha hecho mejor marca personal.

Si ya nos sorprendió con el cambio de giro en La Orden del Fénix, y mucho más con la madurez de El Misterio del Príncipe, ahora lo hace con una adaptación impecable. Y es que el director británico ha conseguido un film que, siendo fiel al texto de Rowling, adquiere una perspectiva propia y una entidad que no tenían –o al menos no tan fuertemente marcada- las dos entregas anteriores. Hay una desenvoltura en la acción, los diálogos y los personajes como nunca se había logrado, en buena medida porque el director no pasa por alto nada importante del libro pero se distancia de él para conseguir un producto maduro e independiente, capaz de ser disfrutado por todos, sean o no lectores de las novelas.

La intensa convivencia del trío protagonista, hace que se profundice de un modo mucho más maduro en la amistad que los une. También es una ocasión para que los personajes hagan gala de un sentido del humor que en la anterior entrega ya se anunciaba.

Por otro lado, el peligro que amenaza constantemente hace que sea la película más tenebrosa de todas. En este sentido, la ambientación y la fotografía (nada menos que del maestro Serra, autor entre otras de El protegido, La joven de la perla Resistencia) son impecables, y los efectos visuales son, sin duda, los más logrados de todas las cintas del joven mago.

La música de Alexandre Desplat también se pone perfectamente al servicio de la historia y del tenebrismo que parece inundarlo todo. Las escenas de acción son más frecuentes y no da la sensación de estar “encajadas” de modo forzado, como podía ocurrir con las primeras películas, porque la acción es la atmósfera que envuelve las dos horas y cuarto de película.

Es por eso por lo que Harry Potter ya deja de ser, definitivamente, una película para niños. Con todo, los hermosos paisajes británicos constituyen un momento de respiro, al igual que las notas de humor.

Párrafo aparte merece la secuencia en la que se narra el cuento de Las Reliquias de la Muerte, magistralmente recreado con unas imágenes de animación que podrían constituir, por sí solas, un cortometraje de nivel.

Los actores protagonistas hacen gala de una madurez que ya empezaba a apuntarse en las dos entregas anteriores, pero que en ésta encuentra más ocasiones para desplegarse. Con respecto al resto, son básicamente los mismos, pero con otras funciones (los profesores ya no son profesores, ni los estudiantes son estudiantes), y todos ellos demuestran estar a la altura de sus papeles.

Al guionista Steve Kloves y al montaje de Mark Day, ambos veteranos en las producciones del joven mago, hay que reconocerles el mérito de una película que se desenvuelve con una gran agilidad y fuidez, superando la intermitencia, el carácter episódico de las anteriores. La película final, con la inevitable batalla final, en julio del año que viene.

El mejor guión adaptado de la saga.

Algunos detalles confusos en el relato.

Ficha Técnica

  • Eduardo Serra
  • Mark Day
  • Alexandre Desplat
  • Warner
  • 140 minutos
  • Mayores de 12 años (violencia)
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