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Hasta donde los pies me lleven

Dirección: Hardy Martins Guión: Bastian Clevé, Bernd Schwamm, Hardy Martins Fotografía: Pavel Lebeshev Montaje: Andreas Marschall Música: Eduard Artemyev Intérpretes: Bernhard Bettermann, Michael Mendl, Anatoli Kotenyov, Iris Böhm, Irina Pantaeva Distribuidora: Sherlock

Alemania,2001. Estreno en España: 19.11.2004

14.208 kilómetros

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Hardy Martins (Baden-Württem­berg, Alemania, 1963) tiene una curiosa procedencia: se formó como es­pecialista en Los Ángeles y en París. Des­pués de trabajar como especialista y como coordinador de especialistas entre 1986 y 1993, en 1996 fundó su propia productora, y en 1997 fue el productor, director y actor prin­cipal en Cascadeur (1998). Hasta donde los pies me lleven es su segunda película co­mo director, estrenada en diciembre de 2001 en Alemania y premiada en varios festivales.

Basada en el best-seller de Josef Martin Bauer, esta notable y hermosa película cuenta la odisea -verdaderamente homérica- de un teniente alemán, Clemens Forell, para regresar a casa desde un campo de prisioneros en Siberia, donde soldados alemanes son obligados a trabajar como mineros tras la con­clu­sión de la II Guerra Mundial.

Rodada en bellísimas localizaciones de Ale­­mania, Bielorrusia y Uzbekistán, la película comienza cuando Forell parte hacia el frente ruso en la fase final de la guerra. En su Baviera natal deja a su hija pequeña y es­po­sa, quien al darle el beso de despedida le co­munica que está embarazada. Con la ale­gría de la noticia y el dolor de la separación, se marcha dejando una promesa: “Volveré en Navidades”. Pero pasa el tiempo, acaba la gue­­rra y el militar no vuelve ni da señales de vida. Su mujer ve pasar el tiempo sin noticias del marido, del que la Cruz Roja no tiene cons­­tancia como baja o prisionero. Pero la hi­ja de 7 años pide a la Virgen que se lo devuelva por Navidad.

La solvencia de los intérpretes, una puesta en escena muy eficaz y la arrebatadora belleza de los parajes naturales, muy bien fotografiados por el ruso Lebeshev, son valores sólidos de una película llamativa que recuerda a la inolvidable Dersu uzala. Pero lo verdaderamente sorprendente es la tensión dramática de una historia de amor capaz de superar 15.000 kilómetros de sufrimiento, con unos de los retratos más conmovedores de la religiosidad que se han visto últimamente.

Los 158 minutos de metraje contagian al espectador, las penurias sin cuento de un agotador calvario en el que no faltan comportamientos de grandiosa humanidad que se mezclan con lo más ruin de la condición humana. Si es cierto que algún recurso narrativo (el pe­so del antagonista Kamenev, un magnífico Anatoli Kotenyov) podría estar mejor perfilado, el conjunto tiene un nivel envidiable.

Sería una lástima que la escasa distribución de esta película (la convocatoria de pren­sa se hizo de hoy para mañana) haga que muchos espectadores se pierdan una película distinta, sugestiva, emocionante (recomiendo visitar la web oficial www.soweitdiefuessetragen.de).

Confiemos en que pase algo parecido a lo que ocurrió con la italiana La mejor juventud. Pues eso, que funcione el boca-oreja y que aguante en la cartelera.

Alberto Fijo
Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor