Hijos de la medianoche: Una epopeya india

Hijos de la medianoche: La directora india afincada en Canadá adapta una novela de Salman Rushdie. 

Hijos de la medianoche es una novela de Salman Rush­die, parte realidad, parte ficción -incluso cuen­to de hadas-, que aborda la historia reciente de la In­dia, desde su independencia de Gran Bretaña. El ve­hículo son las vidas de, principalmente, dos niños que nacieron a las doce en punto de la noche de aquel 15 de agosto de 1947. El propio novelista, que ya adaptó su obra al teatro, firma el guión de esta pe­lícula y presta su voz -en off– al narrador de la historia, Saleem Sinai.

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Saleem comienza contando la vida de su abuelo, mu­cho antes de su nacimiento; Deepa Mehta, 63 años, es enemiga de la concisión, su película es una ma­ravilla visual, llena de colorido, con una ambientación perfecta, pero se alarga en detalles tan preciosos como inútiles. Saleem pobre, Shiva rico; los ni­ños nacieron en el mismo hospital de Bombay, don­de una comadrona, en un arrebato justiciero, cam­bió a los bebés, «para que el niño rico fuera po­bre, y el pobre fuera rico». Sus destinos fueron troca­dos, pero se mantuvieron entrelazados a lo largo de los avatares de la tumultuosa historia reciente de la In­dia: independencia, Pakistán, Bangladesh… gracias a un toque mágico. Antes dije «cuento de hadas».

Se trata de un elemento poético y fantástico a la vez, que es un toque de imaginación oriental que sien­ta bien a la obra literaria: estos dos niños, y otros mu­chos que nacieron aquella misma noche, tie­nen unos dones especiales, pueden conectarse má­gicamente. Uno siente que podría ser un maravilloso, perfecto, hilo conductor del relato, pero en es­ta cinta se quedan en una curiosa anécdota, a mi jui­cio, un recurso desaprovechado. Los niños de la me­dianoche están en el título y hacen alguna apari­ción que provoca reflexiones políticas y morales, y po­co más. La narración es convencional, ayudada de vez en cuando por la voz del narrador. El protagonis­mo absoluto lo tiene Saleem y, mucho menos, su alter ego Shiva; y es su historia la que siguen los espectadores durante dos horas y media. Demasiado tiem­po.

Deepa Mehta (Tierra, Agua, Fuego) es brillante a la hora de crear ambientes y provocar emociones, y eso es lo que nos ofrece también aquí; una historia de la India moderna que discurre al compás de las des­venturas de Saleem, protagonista -testigo- direc­to de las crisis poscoloniales indias. Naturalmente Sa­leem es una marioneta del destino, ya que su pa­pel fue escrito para ilustrar los hechos, no para confi­gurarlos.

Un interesante viaje de turismo cultural que se ha­ce muy largo.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Giles Nuttgens
  • Montaje: Colin Monie
  • Música: Nitin Sawhney
  • Duración: 148 min.
  • Distribuidora: DeAPlaneta
  • Público apropiado: + 16 años (V)

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Reseña
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Fernando Gil-Delgado
Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.