Hijos del Sol: En busca del tesoro perdido

· Crítica de Hijos del Sol | Estreno 14 de mayo de 2021.
· El pequeño protagonista, Roohollah Zamani, fue ganador del premio Marcello Mastroianni al mejor actor emergente en la 77ª edición de la Mostra de Venecia.

Los niños son para el cine iraní como los superhéroes para el actual cine norteamericano. Es el sujeto imprescindible, el pararrayos de todas las tormentas, el héroe de las mil caras al que le sucede todo. Poner a un niño en el papel principal permite a sus directores tratar una buena cantidad de temas a los que sería imposible asomarse si el protagonista fuera un adulto, logrando con ello saltarse a piola la dura censura islámica. Así sucede en películas tan reconocidas de la filmografía persa como Buda explotó por vergüenza (2007), de Hana Makhmalbaf, Las tortugas también vuelan (2004), de Bahman Ghobadi, El espejo (1997), de Jafar Panahi, o con obras de Abbas Kiarostami como su documental Párvulos (1984) o ¿Dónde está la casa de mi amigo? (1987).

El director y guionista Majid Majidi (Teherán, 1959) no es una excepción, como lo corroboran entre otras Niños del cielo (1997), nominada al Oscar a mejor película extranjera, o El color del paraíso (1999). En ellas el mundo infantil nos adentra en la realidad iraní y en la diferencia entre ricos y pobres, tema que es una constante en su cine.

Hijos del Sol abre con un rótulo que dedica la película a 152 millones de niños trabajadores y a todos aquellos que luchan por sus derechos. Enseguida Majidi nos lleva a las calles de Teherán. En unas pocas escenas nos describe la ajetreada existencia de un grupo de muchachos que sobreviven robando piezas a vehículos de lujo. Uno de ellos es Ali, a quien un anciano le encarga una misión que haría las delicias de Tom Sawyer: buscar un tesoro en un cementerio. La pega está en que para ello deberá matricularse en una escuela cercana conocida como la Escuela del Sol, una institución para niños sin hogar.

La película critica las condiciones de vida de los niños abandonados, y es plausible el empeño de Majidi de hacerlo en una ficción que puede llegar a más gente, aunque esta no se aleje mucho del documental. La jugada del director es sencilla: con la excusa de buscar algo tan atractivo como un tesoro nos da a conocer la institución dedicada a los niños, la labor de los profesores que la regentan, cuyo trabajo no es siempre bien valorado, además de intercalar otros temas como son la situación de la inmigración afgana y los problemas de la adicción a las drogas.

La búsqueda del tesoro es pues un Macguffin, algo con lo que mantener toda la acción en movimiento. El problema está cuando la importancia de dicho tesoro queda sepultada por el resto de las subtramas de la película. Cuando la parte de aventura queda desdibujada por la parte social, el castillo de naipes cae y se resiente el segundo acto, que va dando bandazos de un tema a otro hasta que se recupera en la recta final, cuando Majidi  se asienta más en la búsqueda.

Majid Majidi rueda con mucha frescura, siempre al borde del documental. Utilizando la cámara en mano. Rodando en localizaciones a las que estamos poco acostumbrados en producciones iranís como es el metro de Teherán. Apuesta por el naturalismo en las interpretaciones, que hace que parezca que los actores no están dirigidos. Su pequeño protagonista, Roohollah Zamani, fue ganador del premio Marcello Mastroianni al mejor actor emergente en la 77ª edición de la Mostra de Venecia, aunque con la que uno más se encariña es con la pequeña Shamila Shirzad, en su papel de vendedora ambulante en el metro.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Hooman Behmanesh
  • Montaje: Hassan Hassadoost
  • Música: Ramin Kousha
  • Diseño de producción: Keyvan Moghaddam
  • Vestuario: Amir Malekpour
  • Duración: 99 min.
  • Público adecuado: +12 años
  • Distribuidora: Caramel
  • Irán (Khorshid), 2020
  • Estreno: 14.5.2021
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Reseña
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Escritor de relatos de terror y misterio, y guionista de cine y televisión. Admirador de Ford, Kurosawa, Spielberg y Hitchcock, no necesariamente en este orden