Hillbilly, una elegía rural: Menos política y más educación

A finales del año pasado se publicaron en España dos libros que, pese a venir firmados por autores situados en lados opuestos del espectro ideológico, analizan nuestra situación desde un punto de partida similar. Pensando en los Estados Unidos, Ross Douthat (2020) sostiene que, desde la misión Apolo XI en 1969, no ha habido innovación económica, tecnológica o institucional de gran relieve, que los enfrentamientos políticos son repetitivos y el arte y la cultura poco creativos. Por su parte, y pensando más generalmente en Occidente, Antonio García Maldonado (2020) cree que en nuestra civilización se ha apagado el afán aventurero y el gozo nacidos de la revolución industrial. Este optimismo, hoy, nos cuesta entenderlo, pero fue real. Lo expresa el doctor Thackeray en el primer episodio de The Knick (Steven Soderbergh, 2014), serie ambientada en un hospital de Nueva York en 1900, cuando dice que “vivimos en una época de posibilidades ilimitadas”; y lo vemos en la grabación histórica del salto (fatal) que el sastre Franz Reichelt efectuó desde la torre Eiffel en 1912 para probar su invento, una capa de volar.

Estos ejemplos, empleados por el autor al presentar su libro, y tantos otros más no pueden sino interpelarnos. ¿Dónde queda hoy la fe en el progreso científico, la expansión de los órdenes democráticos y la esperanza en el ascenso social? En gran parte del cine contemporáneo -reflejo, más o menos consciente, de la sociedad que lo produce y lo consume- ese optimismo, si es que aparece, figura como un dato “histórico”, un rasgo circunscrito a ciertos períodos epocales. Pero no a nuestro tiempo.

Esto explica, quizá, la furibunda reacción que despertó -sobre todo en medios estadounidenses, si bien la simultaneidad del estreno provocó el efecto mimético en el resto- una película tan inocua como Hillbilly, una elegía rural. La historia se basa en las memorias de J. D. Vance (1984- ), un inversor de San Francisco cuyo libro se promocionó en 2016 como el retrato de la clase blanca trabajadora que aupó a Donald Trump. Ya entonces la obra suscitó reacciones encontradas entre quienes leyeron en ella una defensa del individualismo anti-gubernamental y quienes supieron apreciar el análisis cultural y moral que Vance hacía de su propia comunidad. En realidad, el libro iba mucho más lejos. En el fondo, era la historia de un crío paralizado por el miedo que es rescatado del infierno de su vida familiar -hijo de madre soltera, inestable, adicta a las drogas y a las relaciones en serie- por una abuela tan bruta como cualquier hillbilly -o paleto montañés, como llaman despectivamente a los blancos que habitan la zona rural entre Kentucky, Tennessee, Virginia y Carolina del Norte-, pero que aún conserva cierta decencia y un sentido de la responsabilidad que logró transmitir al chaval. Gracias a ella, Vance finalizó sus estudios de secundaria y, más tarde, pasó cuatro años en el ejército, donde terminó de aprender a mantener un régimen de vida e incluso a planificar su futuro: obtuvo una beca, sacó un grado universitario, acabó la carrera de Derecho en Yale, se casó y hoy es asesor financiero (amén de posible senador por Ohio, si consigue los votos en la elección a finales de 2022).

¿Por qué, entonces, la rabia contra la película?

Cuando, en su lista de los peores estrenos de 2020, la revista Fotogramas incluía a Hillbilly, una elegía rural nos daba una pista: la crítica la habría destrozado “sin piedad, y con razón” por hacer un espectáculo de la pobreza de una familia y por intentar maquillar la ideo­logía de la novela “y su defensa de la meritocracia capitalista en Estados Unidos”. Y, tanto para cierta juventud convencida de que vivirá peor que sus padres, como para ciertos intelectuales persuadidos de que la cultura del mérito justifica las desigualdades y olvida el bien común, el que una película mainstream no demonice al capitalismo ni deje de creer en el esfuerzo y el mérito es motivo de escándalo.

La recepción de Hillbilly, una elegía rural, en fin, es sintomática de una época en la que el prejuicio ideológico ha impedido a muchos no solo valorar con justicia las más que notables interpretaciones de Glenn Close y Amy Adams, sino conectar con una historia de “salvación y rescate”, de “resiliencia” y de “problemas familiares atemporales” que, pese a desarrollarse en un entorno humano específico, tiende a lo universal, como defendió Ron Howard en respuesta a los ataques de la crítica. Lo cual tampoco implica que estemos ante una gran película, aunque sí una memorable, como veremos.

Juan Pablo Serra

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Cine Pensado 2020

El estudio crítico completo de esta película se encuentra en el libro Cine Pensado 2020, que puedes adquirir en este enlace:

Ficha Técnica

  • Fotografía: Maryse Alberti
  • Montaje: James Wilcox
  • Música: David Fleming, Hans Zimmer
  • Duración: 116 min.
  • Público adecuado: +16 años (V-)
  • Distribuidora: Netflix
  • EE.UU. (Hillbilly Elegy), 2020
  • Estreno: 24.11.2020
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Reseña
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Revista de crítica de cine & series y cultura audiovisual. Desde 1998