Historia de un beso: Los pasillos de Garci

Si a Historia de un beso le quitasen la voz le pasaría como a casi todas las películas no mudas, que apenas se entendería. Pero basta con bajarle el volumen sólo a un par de monólogos de Blas Otamendi (Alfredo Landa), para que a Garci (El abuelo) se le caiga definitivamente este ensayo sobre el amor, en el que los personajes -más que amarse- verbalizan sus sentimientos, prestándole las cuerdas vocales al corazón del director. No en vano, el protagonista principal es un escritor, el vecino más famoso del pueblo asturiano de Cerralbos del Sella, de cuyo talento literario se sirve para decir lo que las imágenes no logran expresar.

Historia de un beso es una descompensada trenza de tres historias de amor -el infantil, el del arroz a punto de pasarse y el maduro- en las que hay un beso, al parecer, dotado de una profunda ternura. A un especialista en el género nostálgico como José Luis Garci le resulta fácil emplear los códigos visuales y sonoros adecuados para suscitar la emoción del espectador, al que conduce por unos pasillos sentimentales que desembocan en sí mismos, creando un monótono laberinto por el que se camina con la secreta esperanza de que -tratándose de los pasillos de Garci– habrán de llevar a alguna parte.

Exquisita fotografía

Con paisajes, escenarios y mobiliario reiterativos -o coherentes con su trayectoria cinematográfica, si se prefiere-, este cineasta ha cuidado exquisitamente la fotografía y se ha servido de la iluminación para distinguir las dos épocas en las que transcurre la película, optando por colores cálidos para los años 20 y por tonos más fríos para la posguerra de los años 40. De este modo, Garci ha conseguido crear una atmósfera ensoñada sobre la que afronta el ambicioso propósito de narrar el enamoramiento en tres capítulos, tal vez los más inefables del National Geographic del alma humana.

Ficha Técnica

  • Fotografía: R. Pérez Cubero
  • Música: Pablo Cervantes
  • País: España
  • Año: 2002