Hollywoodland: Fuera de campo

El 16 de junio de 1959 George Ree­ves, el Superman de la televisión, apareció muerto de un disparo en su casa de Hollywood Hills. El dictamen de la poli­cía fue suicidio y todo parecía confirmar tal hipótesis. Reeves nunca consiguió hacer despegar su carrera como actor, encorsetado en un papel televisivo que le cerró la puerta a la industria del cine; tampoco logró rodar ninguna película, proyecto acariciado largo tiempo; ni tuvo suerte en sus relaciones sentimentales: a su tórrido romance con Toni Mannix (Diane Lane), la esposa del todopoderoso Edgar Mannix (Bob Hoskins), magnate de la MGM, siguió una relación insatisfactoria con una jovencita cazadora de fortunas. Pero la madre del actor, Helen Bessolo (Lois Smith), está convencida de que a su hijo lo asesinaron y, para demostrarlo, contrata los servicios de un detective privado, Louis Simo (Adrien Brody). La leyenda sobre la «maldición de Superman» había comenzado.

El trágico final de Reeves, que nunca llegó a ser resuelto, contenía todos los elementos para una fantástica película del mejor cine negro americano de los años 40, tan solo era necesario que el material cayera en las manos adecuadas. Y allí estaba Allen Coulter, un veterano profesional de la TV (Sexo en Nueva York, Millennium, Los Soprano). Coulter firma así su opera prima, negra, negrísima, aprovechando todos los elementos de este género, tan vapuleado en los últimos tiempos (sirvan de ejemplo La Dalia Negra, de reciente estreno, y Corazones solitarios, de Tood Robinson, aún por llegar y según parece en la línea del pastiche de Brian De Palma).

En el guión del también primerizo Paul Bernbaum se dan la mano los elementos clásicos -magnates con vicios que esconder, policías corruptos, detectives solitarios de oscuro pasado y mujeres fatales- con las aportaciones más contemporáneas (algo de sexo, sueño americano a hacer puñetas y desencanto por la perdida de ideales).

Clásica y moderna a la vez, la película está muy bien contada, con continuos flashbacks montados con pulso firme. Las interpretaciones están a un gran nivel, con un Ben Affleck que se llevó la Copa Volpi en el pasado Festival de Venecia, aunque Brody la merecía más. Hollywoodland es hermosa -fotografía oscura, virada al gris o al verde para el presente de la narración, o al naranja y sepia en el pasado, partitura sinuosa y dramática al servicio de las imágenes- y es desesperanzada, porque la verdad no siempre nos espera a la vuelta de la esquina, porque el engaño, los fracasos afectivos o la corrupción son una triste realidad, porque la felicidad de la fama es hueca y pide mucho, y porque el presente no siempre es mejor que el pasado que dejamos atrás.

Ficha Técnica

  • País: EE.UU., 2006
  • Fotografía: Jonathan Freeman
  • Montaje: Michael Berembaum
  • Música: Marcelo Zarvos
  • Duración: 125 m. Adultos
  • Distribuidora: Buena Vista
  • Estreno: 5.I.2007