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The Imitation Game (Descifrando Enigma) [7,5]

Tyldum evita los dos peligros, dando peso a lo que realmente tiene importancia y desarrollando bien el invento de la maquina.


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Director: Morten Tyldum Guion: Graham Moore Fotografía: Óscar Faura Montaje: William Goldenberg Música: Alexandre Desplat Intérpretes: Benedict Cumberbatch, Keira Knightley, Mark Strong, Charles Dance, Matthew Goode, Allen Leech, Tuppence Middleto Duración: 114 min. Distribuidora: Tripictures. Público adecuado: +16 años (D)

The Imitation Game. Reino Unido-USA, 2014. Estreno en España: 1.1.2015

La inteligencia humana contra el monstruo

Interesantísimo biopic sobre Alan Turing, el matemático británico que consiguió descifrar los mensajes nazis en la Segunda Guerra Mundial. Su máquina, clara precursora de los actuales ordenadores, permitió acortar la guerra, impulsó la victoria de los aliados y salvó millares de vidas. En 1952, el gobierno británico acusó a Turing de indecencia grave por mantener relaciones sexuales con un joven de 19 años. Después de un proceso de castración química –que Turing aceptó para evitar la cárcel- se suicidó. Hace un año, la reina de Inglaterra indultó a título póstumo al célebre matemático.

Si me extiendo en la sinopsis –que no destripa nada pues es realidad sabida- es porque The imitation game (una de las cintas mejor posicionada en la carrera de los Oscar) tiene fundamentalmente una buena historia detrás: la lucha de unos hombres tratando de desactivar con su inteligencia una monstruosa guerra.

Y una historia que no es fácil contar bien: en primer lugar, porque no es sencillo mantener un thriller apoyado en términos que la mayoría del público no acaba de entender del todo (los jeroglíficos de Turing y sus amigos no son comprensibles para un espectador medio) y en segundo lugar porque, ante esta dificultad, la tentación de dirigir la acción hacia alguna “carretera secundaria” –llámese historia de amor, conflicto personal, grupal, etc- es muy fuerte. Es lo que le pasaba a Enigma, la a pesar de todo correcta cinta de Michel Apted, que terminaba centrando la trama en una historia de amor con femme fatale incluida.

Tyldum evita los dos peligros, por un lado dando peso a lo que realmente tiene importancia y desarrollando bien el invento de la maquina, sin explicaciones procelosas pero aportando los datos más sustanciales. Por otra parte, aborda las subtramas dramáticas como lo que son: necesarias pero secundarias. De esta forma, temas como la homosexualidad de Turing, la complejidad de su carácter (magnífica la interpretación de Cumberbatch) o las relaciones entre el matemático y su grupo de trabajo funcionan bien, dando entidad dramática a la historia y contrapesando una narración que podría ser ardua.

Aunque para no ser excesivamente condescendientes, habría que decir que este equilibrio se tambalea en un epílogo final algo forzado en el que se cuenta de una forma acelerada y mucho menos cocinada que el resto de la película la sentencia y muerte de Turing. Los títulos de crédito finales omiten algunos datos que el espectador hubiera agradecido (por ejemplo, que parte de la legislación contra los gays venía causada por varios sonoros casos de homosexuales que eran espías soviéticos. Y si a algo tenían miedo los británicos en ese momento era a los espías rusos).




En cualquier caso, y aunque la coda final pueda tener una lectura reivindicativa, de lo que se nos está hablando a fin de cuentas es de leyes inhumanas que atentaban contra importantes derechos humanos y que, sin embargo, en aquel momento, gozaban de un amplio consenso. La mayoría las veía como positivas y ponerlas en cuestión se consideraba ir contra el progreso. Ahora también pasa. Con otras leyes que limitan, coartan o directamente quiebran importantes derechos humanos. La Historia nos juzgará. Y el cine hará películas.

Ana Sánchez de la Nieta