In darkness

Holland narra una cruda historia de supervivencia en la Polonia ocupada de 1943. **½

In darkness, 2011 País: Alemania/Canadá/Polonia Dirección: Agnieszka Holland Guión: David F. Shamoon Fotografía: Jolanta Dylewska Montaje: Mike Czarnecki Música: Antoni Lazarkiewicz Intérpretes: Robert Wieckiewiccz, Benno Fürmann, Agnieszka Grochowska, Maria Schrader, Herbert Knaup, Marcin Bosak 145 m. +18 años (temática, violencia, sexo) Distribuidora: Alta Estreno: 10.8.2012

Incertidumbre claustrofóbica

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1943. Ciudad polaca de Lvov. Las órdenes ale­manas son claras: se acaba el tiempo y el ex­terminio judío necesita otro ritmo de depre­dación humana. Un egoísta ladrón se apro­vecha de la situación y comienza un nego­cio ilegal que consiste en esconder judíos en las alcantarillas de la ciudad.
Esta historia real tiene mucho que ver con el argumento de la película referencial del ho­locausto judío (La lista de Schindler). Pero en­tre Spielberg y la directora polaca hay un abis­mo cinematográfico. Agnieszka Holland (Var­sovia, 1948) comenzó a hacer cine con el maes­tro polaco Andrzej Wajda. En sus prime­ras películas ya trató el holocausto polaco en Amar­ga cosecha (1980) y sobre todo Euro­pa, Europa (1990), que le supuso su primera no­mi­nación a los Oscar (la segunda llegó hace unos meses con In darkness).

Holland optó desde los años 90 por trabajar en Hollywood en cine (El jardín secreto, Vi­­das al límite, El tercer milagro, Copying Bee­tho­ven) y televisión (The killing, Caso abierto). In darkness es un regreso no sólo a una te­mática (argumentos históricos y reales de su Polonia natal), sino también a un estilo.

La directora, actual presidenta de la Aca­de­mia polaca de Cine, vuelve a confiar en la cáma­ra en mano como ya hizo en sus primeros tra­bajos. Aprovechando las posibilidades meta­fóricas del lugar, Holland pretende que el es­pectador perciba la incertidumbre claustrofó­bica de unas vidas que dependen de un delin­cuente. De esta manera se descarta la épica universal que tenía la película de Spiel­berg, a favor de historias pequeñas y relaciones cortas.

Lo que podía ser un acierto, se convierte en un lastre ya que los personajes y sus histo­rias de supervivencia carecen de la fuerza dra­mática y la personalidad necesaria para que el espectador empatice con ellos. En este sen­tido, tampoco ayuda la fría y distante pues­ta en escena. Por último, hay demasiados minutos de caminatas y fugas de alcantari­llas que hacen que los 145 minutos resulten ex­cesivos y preocupantemente anodinos. Una vez más el guión de un primerizo hace que una historia resulte pequeña, corta de vuelo y sin resonancia a pesar de tener muchas posi­bilidades dramáticas.

Claudio Sánchez