In the loop: La política es una comedia muy (¿pero tan?) negra

La egregia tradición británica en materia de sátira política -por algo son los padres del parlamentarismo moderno- presenta una nueva entrega tan brillante y divertida como oscuramente cínica.

In the loop narra la peripecia de Simon Foster, incompetente y tierno ministro británico de Desarrollo Internacional, tras dar alas con unas embarulladas declaraciones a una guerra en ciernes que en realidad pretende evitar. Un halcón del Gobierno de los Estados Unidos aprovecha la coyuntura y lo invita a Washington para que apuntale sus planes bélicos. Simon acude presuroso, acompañado por un advenedizo becario y perseguido por su feroz jefe de gabinete. Los malentendidos y navajazos rastreros se suceden a un ritmo vertiginoso.

La opera prima de Iannucci en el cine esconde muchos años de éxito en televisión, donde se cuece buena parte del mejor talento audiovisual contemporáneo: ¿qué productora tiene hoy el prestigio de la HBO? Guión y ritmo, velocidad e ingenio. Todo huele a la mejor televisión, con aromas a El ala oeste de la Casa Blanca, pasada por ese inconfundible humor inglés a lo Sí, señor ministro. Pero ojo, con una sólida entidad fílmica -de estructura redonda pese a la complejidad del tema y el protagonismo coral- y un ambicioso aliento surrealista que remite a Teléfono rojo, ¿volamos hacia Moscú?

Aquí no aparece aquel insólito Peter Sellers, más que proteico, parodia de sí mismo. Pero una magistral dirección de actores consigue que todos bailen a un compás nada sencillo con caracteres tan subrayados: las interpretaciones de Peter Ca­pal­di, Tom Hollander o el Soprano James Gandolfini bordean la genialidad sin arrollar al prójimo. Y los jóvenes no les van a la zaga.

Los múltiples escenarios y subtramas -na­vajazos en la alta política por el poder, navajazos entre subordinados por un ascenso, navajazos sentimentales por un revolcón…- no emborronan una claridad sorprendente, dada la cantidad de información. La burocracia de faxes, informes y teléfonos calientes se hace entrañable y tristemente comprensible, verosímil hasta el dolor. Porque el hilo conductor, tan bien llevado, es un cinismo arrasador, resaltado por el lenguaje más soez –en cantidad y «calidad» de obscenidades- de los últimos tiempos.

La acidez resulta estimulante -aquellos chicles de fresa…-, pero al cabo de más de hora y media masticando puede provocar úlcera. ¿Es lo que hay? Entre el bobaliconamente bondadoso premier Hugh Grant de Love actually y esto tiene que haber un término medio.

Ficha Técnica

  • País: Reino Unido, 2009
  • Fotografía: Jaime Cairney
  • Montaje: Anthony Boys, Billy Sneddon
  • Música: Adam Ilham, Elysian Quartet
  • Duración: 109 m. Adultos
  • Distribuidora: Avalon
  • Estreno: 4.12.2009
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