Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal: Sombrero, látigo… Jones

Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal | Hace poco tuve que reseñar una edición en DVD de En busca del arca perdida y escribí que esa cinta estrenada en 1981 es una de las mejores películas de aventuras de la historia. El guión de Lawrence Kasdan fue llevado a la pantalla por Steven Spielberg, un director de 35 años que ya era una celebridad por películas como Tiburón y Encuen­tros en la tercera fase, que contó con la inestimable colaboración técnica de Geor­ge Lucas. El personaje del arqueólogo Indiana Jones se encomendó a un actor de 39 años llamado Harrison Ford, que todos conocían desde 1977 por haber encarnado a Han Solo, el simpático contrabandista de La guerra de las galaxias. Spielberg logró un equilibrio casi perfecto en una cinta dinámica y divertida, con secuencias de acción muy intensas e imaginativas.

26 años después, Spielberg entrega la cuarta película de una saga que tuvo jalones intermedios en 1984 y 1989, año éste del estreno de Indiana Jones y la última cruzada, que dejó al público con muy buen sabor de boca en gran medida gracias a la decisiva aportación del personaje del padre de Indy, interpretado con sol­ven­­cia por el escocés Sean Conne­ry y mag­níficamente incrustado en una trama ingeniosa, de un colorista exotismo, trepidante y divertida.

El resolutivo héroe arqueólogo buscó primero el Arca, luego un templo maldito de adoradores de la diosa Kali y después el Santo Grial. Esta vez un cráneo tallado en cuarzo con extraños poderes será el ob­jeto deseado y llevará a un Indiana cincuentón (la acción tiene lugar en 1957) a una perdida ciudad peruana.

La introducción parece obligada, porque la mayor parte de los espectadores acudi­rán a reencontrase con un Indiana al que conoce bien. El reencuentro será feliz porque la película es entretenida y espectacular, pero resulta evidente que no tiene el carisma ni el salero de la primera y la tercera, asemejándose más bien a la segunda, con la que comparte bastantes elementos del tratamiento temático y estilístico.

De la realización hay que señalar que es muy fiel al estilo consolidado de la saga. Hay un elegante clasicismo en la fotogra­fía del tres veces ganador del Oscar Ja­nusz Kaminski; y un fluido y preciso trabajo de Michael Khan, montador habitual de Spielberg y también con triple corona; y la popular y pegadiza impronta musical de Williams con su tema de “carga” y su perezoso hilo musical mistérico; y, en fin, el magnífico trabajo de edición de sonido del equipo de genios de la IL&M, que revolucionó el audio cinemato­gráfico bajo la batuta del coproductor George Lu­cas.

Si he querido repasar algunos pormenores de la buscada -y muy estratégica- fidelidad estilística es porque resulta evidente que Spielberg no ha imitado a su socio Lu­cas en la manera de prolongar la saga La guerra de las galaxias, realizada con una abrupta ruptura formal y material. Spiel­berg, en este sentido, usa los efectos digitales pero con tasa, de forma que siguen brillando la fuerza del decorado y el esforzadísimo trabajo de los extras, todo al servicio de la cercanía física de la aventura, del riesgo, de la verosímil acción inverosímil. Cuando no lo hace (esa nevera…) In­dia­na disminuye y crece Regreso al futuro.
En el diseño de producción hay inercia y poco más, con descuidos en el vestuario (sin querer ser Jaimito, es como si hubiesen decidido que los protagonistas tienen que aparecer lavados y planchados, incluso después de arrastrarse por el barro; la suciedad para la ropa de los extras).

El guión de David Koepp

El guión es también fiel, pero menos. Se busca la continuidad con el espíritu de la saga y se consigue pero de una manera ca­si inercial, sin brillo, recurriendo a una yuxtaposición de persecuciones espectaculares pero descuidando la trama.

El libreto de David Koepp (La guerra de los mundos, Spider-man, Parque Jurásico, La habitación del pánico, Atrapado por su pasado) es menos airoso y fluido que los precedentes, en buena medida porque es el menos divertido. Aunque hay momentos logrados, no se puede obviar que tiene tramos de un farragoso mecanicismo, salpicado de aburridas explicaciones y diálogos de­sangelados, casi desganados. Es evidente, por otro lado, que Spielberg debe tener agujetas en los párpados de tanto gui­ñar: hay un insistente homenaje-glosa a la saga, a la trayectoria de Spielberg y al ci­ne de aventuras de los años 30-40, declarada fuente de inspiración de Spielberg y Lucas a la hora de idear a Indiana Jones.

Un 7 sobre 10, en suma, para una meritoria película que ha respetado su glorioso pasado, quizás con más rutina de la deseable y unas interpretaciones bajas de revoluciones (especialmente las de una desdibujada e histriónica Karen Allen y una so­sa Cate Blanchett, a las que el guionista no deja espacio para evolucionar). Shia LaBeouf es casi un mero comparsa de un Indiana cansado.

Hay, como ya hemos dicho, persecuciones variadas, con una -con mucho lo mejor de la película- que dura veinte minutos y es Jonesiana al 100%, “en la mejor tradición de la Caballería”, que diría el maestro Ford por boca del inolvidable John Wayne, una de las paredes del frontón (la otra es esa fuerza de la naturaleza llamada Buster Keaton) donde terminan rebotando los mejores héroes creados por el cine norteamericano.

Ficha Técnica

  • País: EE.UU. (Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull, 2008)
  • Fotografía: Janusz Kaminski
  • Montaje: Michael Kahn
  • Música: John Williams
  • Duración: 124 m. Todos los públicos
  • Distribuidora: Universal
  • Estreno: 22.V.2008
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