Intruders

A Fresnadillo le sale una película con empaque visual pero con una historia que parece escrita por unos chavales de instituto en una mala tarde

Intruders, de Juan Carlos Fresnadillo

Intruders: Puro hueco

Un niño en Madrid. Una niña en Londres. A los dos les acecha un tipo, Cara Hueca. Sus padres se agobian, claro. Es el inicio de Intruders.

Dispersa, reiterativa, tramposa, facilona. Son calificativos que casan con el tercer largo del tinerfeño Fresnadillo, que asombrosamente fue seleccionado para abrir el pasado Festival de Cine de San Sebastián.

Más que hueco te quedas desolado cuando llevas 30 minutos de metraje y compruebas que el director de Intacto y 28 semanas después no sabe dónde ir, ni qué hacer. Y restan 70 minutos.

No es un problema de actores, que son buenos. Ni de diseño de producción (hay 13 millones de presupuesto), ni de pericia visual o destreza en el registro y las mezclas de sonido. Lo que pasa es que la historia no va a ninguna parte, es una fastidiosa retahíla de secuencias desangeladas que se suceden incapaces de hacer mínimamente sugestiva una idea y unos conflictos desafortunados e insípidos.

Los planos aéreos, la música machacona, un amago de trama diabólica, giros de guión caprichosos, un breve desnudo integral -absolutamente gratuito- de Van Houten forman parte de los esfuerzos denodados para impedir que el espectador se dé cuenta de un secreto: no solo hay un hueco en la cara del protagonista. La película misma está hueca.

Arriba: Después de esto, Fresnadillo solo puede mejorar…

Abajo: El lastimoso guión.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Enrique Chediak
  • Montaje: Nacho Ruiz Capillas
  • Música: Roque Baños
  • Duración: 100 min.
  • Público adecuado: +18 años (violencia, sexo incidental)
  • Distribuidora: Universal
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Reseña
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Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor
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