Invencible: Vuelve el mejor Herzog

Se trata de una obra de autor, y de un maestro; pero, aun así, Invencible, que fue realizada en 2001, no se estrena hasta ahora. Nacido en 1942 en Baviera, Herzog dirigió su primera película a los 19 años. Entre las más antiguas y las más modernas, casi veinte, quizá las más conocidas sean Fata Morgana (1970), Aguirre, la cólera de Dios (1972), El enigma de Gaspar Hauser (1974), Fitzcarraldo (1982), Mi enemigo íntimo (1999)…

El contexto histórico de Invencible es muy preciso: 1932, Hitler, la creciente consolidación del nazismo y las primeras manifestaciones anti-judías. La narración está basada en tres personajes. Uno existió en esa época, Hanuseen (Tim Roth), entonces célebre mago, fingido aristócrata danés, que no sólo triunfaba en Berlín con su espectáculo, sino que logró embaucar a Goebbels, Himmler y otros muchos nazis con su pretendido ocultismo, por el que estaban muy interesados para usarlo en su política de dominación; en realidad Hanuseen era judío y checo. Forma parte de la orquesta del espectáculo una joven pianista rusa (en la vida real también pianista: Anna Gourari), y comienza actuar en él como forzudo Zishe (Jouko Ahola, al menos hasta 1999, el hombre más fuerte del mundo).

Para introducir al forzudo Zishe, con el que comienza la narración, la cámara nos lleva a un pueblecito de Polonia, donde trabaja como herrero en la herrería de su padre, miembro de una familia judía muy religiosa, y numerosa. ¿Invencible? ¿Quién es o será el invencible? No lo será Hitler ni el nazismo, no lo será Hanuseen el embaucador, cruel y lujurioso, ambicioso de poder y de dinero. Tal vez el arte en la música de la pianista; pero sin duda el invencible será el forzudo Zishe, no con su fuerza, sino con su debilidad y su dolor, su fe en Dios, el Invencible.

Luz y tiniebla

La narración de Werner Herzog es como un cuento moral. De ahí que el personaje real, Hanuseen (y también los nazis), símbolo del poder maligno, tenga unas extremadas características de perversidad, y que Tim Roth, en la línea de sus caracterizaciones de malvado, lo asume con rara verosimilitud. El arte de la pianista es ciertamente la interpretación de su música, porque en lo fílmico la debutante Anna Gourari da poco más que su interesante presencia. No así el forzudo Zishe, que en la persona del también nuevo Jouko Ahola, adquiere con acertada y serena seguridad el poderoso y humilde papel del bien.

Zishe, orientado espiritualmente por el rabino, asume y acepta su papel de víctima sobrenatural en manos de Dios, para que su holocausto personal -inicialmente involuntario- ayude a sus hermanos judíos, en la fe y en la raza, a sufrir o a vencer las terribles calamidades que se avecinan. Es más, por tanto, que un cuento moral, es una poética historia religiosa. Contada con sencillez, con una enorme sencillez en Zishe el forzudo, con una belleza lírica grande en las imágenes de su pueblo polaco y sus gentes (magníficas fotografías de Meter Zeitlinger). El mal, Hanuseen, aparece siempre en interiores oscuros o de luz cenital. La belleza -la música- aparece también a la luz del día, amiga del bien.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Meter Zeitlinger
  • Montaje: Joe Bini
  • Música: Hans Zimmer, Klaus Badelt
  • País: Reino Unido/Alemania
  • Distribuidora: Alta Films
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Reseña
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Crítico de cine, poeta, escritor y traductor