Italiano para principiantes: Seis biografías cargadas de naturalidad

Italiano para principiantes | Una singular comedia para seis singulares personajes. Sí, hay humor, y hasta risa y carcajada, pero me parece a mí que esta risa está más provocada por la ternura que despiertan los protagonistas en el espectador, el encanto humano que transmiten, que por la sola fuerza de las bromas y de los enredos cómicos.

Tal vez en la peculiar humanidad que muestran estas seis criaturas -ya maduritas- y en sus conflictos familiares y afectivos, tan bien vividos por los seis actores, estribe casi todo el feliz éxito de esta inusual película. Se nota que los actores han podido adoptar un comportamiento creativo. Buen guión y buenos actores.

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Casi todos los sencillos y cotidianos personajes parten de una situación dura, dolorosa (enfermedad y sufrimiento, soledad, angustia), que todos ellos aceptan y sostienen con valentía y generosidad hasta su final, que en varias ocasiones es la muerte… liberadora. Es importante advertir esto: la alegría y la risa son más fuertes y gozosas cuando se ha vivido en la oscuridad y se sale a la luz…

El guión enreda (en cierto modo es una comedia de enredo) las seis biografías unas con otras, sin prisa, con gracia extrema, con sorprendente naturalidad. No es el azar (que no existe) lo que hace que se unan en amistad o en amor o en camaradería, sino la fuerza de su misma capacidad de amar, la generosidad que les dio el dolor vivido. Nadie dice eso en la película, lo digo yo: basta atender un poco en la hondura del vivir humano que ha visto y mirado Lone Scherfig, y así lo presenta en Italiano para principiantes. Pocas veces se ofrece hoy de modo tan «volátil» y eficaz el sentido moral y religioso del hombre, del amor y la vida. Las grandes verdades bien asumidas, es decir, amadas, se pueden decir con sencillez, y hasta deprisa, y con aparente ligereza. Y la gran verdad de Italiano para principiantes, después de lo dicho, es que todo el mundo puede ser feliz. «Hay mucho amor en la película» -afirma la misma Lone Scherfig-. Por eso sus personajes, solteros, maduritos, descubren que también ellos pueden ser felices.

Dogma o no Dogma de Lars von Triers, este tercer largometraje de la guionista y directora hace un eficaz y sencillo descubrimiento: la cámara obedece al espléndido guión; y los actores se confabulan para cooperar al éxito de la sencillez y naturalidad.

El montaje está encomendado a Gerd Tjur. Para ser perfecta tenía que haberlo hecho ella, lástima.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Jörgen Johansson
  • Montaje: Gerd Tjur 
  • Sonido: Rune Palving
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