Jackie: Días de sangre y rosas

· Jackie: Es una sorpresa que la película (hay decenas dedicadas a estos hechos) logre ser tensa, conmovedora, honesta, habilísima.

Cualquiera que haya visto No, la película del chileno Pablo Larraín estrenada en 2012, entenderá que era un realizador muy adecuado para contar una historia que, como la del «No» a Pinochet, ya conocíamos al menos en su resultado: la actitud firme y tenaz de Jacqueline Kennedy en los días posteriores al asesinato de su marido en Dallas, el 22 de noviembre de 1963, para tomar las decisiones de los ritos funerarios.

El director Darren Aronofsky produce la película, en la que participan inversores de Chile, Francia y Estados Unidos con un coste de 9 millones de dólares. Aronofsky dirigió a Natalie Portman en Cisne negro, película por la que la actriz israelí de 35 años obtuvo el Oscar y el Globo de Oro en 2011. Muy bien podría haberlo ganado por segunda vez, pero fue el turno de Emma Stone, que quizás se lo merecía un poco más. Además, Jackie optó a otros dos Oscar (música y vestuario), que en el caso de la música habría sido merecido por el gran trabajo del londinense Mica Levi, un poco a la manera de Jonny Greenwood en su formidable partitura para There Will Be Blood (2007), esa película enorme de Paul Thomas Anderson.

Noah Oppenheim -hasta ahora guionista de adaptaciones sin mayor trascendencia como El corredor del laberinto y Divergente: Leal)- dibuja un relato hipnótico que te mete de lleno en la terrible experiencia de una mujer que acaba de perder a su marido en un brutal atentado, y que se siente en la obligación de tomar decisiones como Primera Dama, esposa y madre. Una entrevista que concede a la revista Life actúa como hilo conductor de unos días que la televisión ha convertido en inolvidables.

Es una sorpresa que la película (hay decenas dedicadas a estos hechos) logre ser tensa, conmovedora, honesta, habilísima. Porque todo lo que cuenta es interesante, de forma que al acabar Jackie tienes unas enormes ganas de leer sobre Robert Kennedy, sobre el resto de los miembros del clan Kennedy, sobre la secretaria de la Primera Dama que interpreta con talento arrollador Greta Gerwish (Frances Ha).

Los aciertos de Larraín se agrandan de algún modo por lo que suponen de renuncia al efectismo, a la pornografía sentimental en la que incurren muchas de estas historias. El muy razonable presupuesto, la habilidad de puesta en escena para contribuir a una película recogida, el montaje, con fragmentos en blanco y negro que copian registros televisivos célebres, la calidad de la fotografía del francés Stéphane Fontaine (Un profeta) y una dirección de actores ejemplar permiten que la película no deje de crecer a cada minuto.

Once upon in Camelot

Jacqueline Bouvier fue periodista antes de casarse con Jack Kennedy y estudió en Vassar, una universidad por entonces femenina, donde la que quiere puede tener una formación académica excepcional. Amplió estudios en Grenoble y en la Sorbona. A los 24 años era la novia de América. A los 34 años, su viuda: con dos hijos pequeños, y poco antes afligida por perder a su cuarto hijo al poco de nacer.

Su marido (mucho se podría hablar de su carisma, de sus torpezas políticas, de su conducta personal, pero la película no lo hace o lo hace muy sutilmente)… JFK, decíamos, quiso que Jackie, bella y elegante con sus modelos de alta costura francesa, amazona incansable, fuese un icono de una América que pudo verla en un célebre programa de TV, como la imagen elegante y moderna de la Casa Blanca, una mujer americana que se preparaba para ir a la Luna y terminar con la segregación racial. Jacqueline conocía el poder de los medios, sus grandezas y miserias, y despliega en la entrevista con Life un control propio de alguien que sabe bien lo que se juega al conversar con el periodista ganador del Pulitzer, Theodor H. White. Ella quiere seguir viviendo en Camelot.

El sueño (el dos piezas de Chanel rosa con gorro a juego) acaba teñido de sangre. El velo negro, el entierro televisado en directo, los niños en el velatorio, las conversaciones con el capellán (un ya asomado a la tumba John Hurt). Todo fue decidido por una mujer y la película nos cuenta sus motivos. Un reparto formidable da vida a una historia de muerte, de una muerta anunciada. Once upon in Camelot.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Stéphane Fontaine
  • Montaje: Sebastián Sepúlveda
  • Música: Mica Levi
  • Duración: 100 min.
  • Público adecuado: +16 años
  • Distribuidora: Vértigo
  • EE.UU., 2016
  • Estreno: 17.2.2017
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Reseña
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Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor