Kamikaze

Álex Pina debuta en el cine con un drama de variado registro que, a pesar de los bandazos, funciona bien (***)

- Anuncio -

Dirección: Álex Pina Guión: Á. Pina, Iván Escobar Fotografía: Miguel Ángel Amoedo Montaje: Antonio Frutos Música: Manel Santisteban Intérpretes: Álex García, Verónica Echegui, Carmen Machi, Héctor Alterio, Leticia Dolera, Ivan Massagué, Eduardo Blanco, Ajay Jethi Duración: 94 m. Distribuidora: Warner Público adecuado: +14 años (VS)

España, 2014. Estreno en España: 28.3.2014

Terrorismo ruso

El objetivo de Slatan es cometer un atentado suicida en un vuelo entre Madrid y Moscú. Por culpa de una avería, los pasajeros son alojados durante tres días en un hotel en plena montaña. Tres días que pueden tirar por tierra los planes del terrorista.

Kamikaze es una prueba -otra más- de que el cine es­pañol está cansado de discurrir por los mismos de­rroteros y no le tiene miedo al riesgo. Porque hay que reconocer que el joven Álex Pina (más conoci­do por sus productos de ficción televisiva) arriesga y mucho en su debut cinematográfico.

No es sencillo mezclar en un mismo producto el thri­ller político, el de acción, el drama intimista, la co­media un punto alocada y, si me apuras, la película familiar… Y, sin embargo, Pina lo hace y con bas­tante fortuna. Es cierto que la película, como el avión, sufre las turbulencias de la mezcla y hay momentos en los que rechina un poco e incluso amenaza con precipitarse en un subproducto (ni thri­ller, ni drama, ni comedia) pero son momentos con­tados, breves, que se remontan pronto, y el resultado es una película que se sigue con interés, agra­do y emoción según los tramos.

Pienso que parte del acierto es un buen casting -muy coral, como la película- en el que, liderados por Carmen Machi y el argentino Eduardo Blan­co, to­dos los actores funcionan y se complementan bien.

La otra parte del “éxito” es que Pina se ciñe mu­cho al texto, un libreto que sin ser redondo tiene innumerables aciertos, entre otros la originalidad pa­ra contar algunas tramas sin caer en convencionalismos y apostando claramente por subrayar la me­jor cara de los personajes e historias.

Habrá quien tache la película de bienintenciona­da y moralizante. Otros, más benévolos, dirán que es blandita. Quizás tengan razón y quizás es que la pe­lícula me pilló en un día tonto, pero agradecí al di­rector español su empeño por resolver los conflic­tos -incluso los más duros y serios- a golpe de ge­ne­rosidad y elogio del espíritu de servicio. ¿Que es­to es un poco de ma­nual de boy scout? No digo que no. Pero con tan­to cí­nico como campa por las pan­tallas, el decálogo de los jóvenes castores tampoco viene mal de vez en cuan­do.

Ana Sánchez de la Nieta