La alianza del mal: Harlin, Harlin…

La alianza del mal | Un elitista internado de Nueva Inglaterra estudian los descendientes de las primeras familias que se instalaron en la Colonia de Ipswich en 1600. Los cuatro chicos tienen poderes sobrenaturales, que suelen utilizar para cuestiones «caseras» como tirarse por precipicios sin despeinarse o arreglarle el coche a la rubia de turno. El único problema es que usar sus poderes les hace envejecer y crea en ellos una adicción.

A Renny Harlin (Pesadilla en Elm Street 4, Deep blue, El exorcista: el comienzo) le parecía que la saga Harry Potter necesitaba un complemento:  «En una época de películas como Harry Potter, estamos acostumbrados a ver historias de brujería para niños, pero algo así para adolescentes y adultos es muy poco común». Como era una cosa tan rara, lo nunca visto, decidió rodar esta originalísima película de jóvenes con superpoderes que parecen sacados de un anuncio del Holiday-Gym pero que, en realidad, salen directamente de la televisión (he leído en algún sitio que son las nuevas promesas del cine americano: pues que además de trabajarse los abdominales les paguen antes unas clasecitas de interpretación, porque si no, apañados vamos).

El guión, sencillito: un, dos, tres, picadora Moulinex… un susto, una imagen tierno-jocosa y otro susto (esta vez con la chica en toalla). Y así sucesivamente hasta llegar al minuto 97. Y una música atronadora que, sin embargo, no consigue tapar las memorables líneas de diálogo, también muy sencillitas: ser o estar más adjetivo («Está muy bueno, sí, pero es un borde», apetecible, ¿no?). ¿Lo de Harry Potter? Además del internado, lo único que Harlin le coge prestado a la Rowling es una especie de dementores: para la parte del susto, supongo.

Ficha Técnica

  • País: EE.UU. (The Covenant, 2006)
  • Pierre Gill
  • Nicolas de Toth
  • Tomandandy
  • Sony
  • 97 min.
  • Jóvenes
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