La canción del mar | Canto de amor a la tradición celta

La canción el mar | El cine de animación y la memoria se han convertido en aliados inseparables de algunos de los grandes animadores de todo el mundo a lo largo del tiempo; muy popular es el caso de los co-fundadores del Studio Ghibli, Isao Takahata y Hayao Miyazaki, aunque también existen otros menos conocidos para el gran público como el sublime cineasta canadiense Frédéric Back o el imprescindible Jiří Trnka.

Si bien las obras de estos dos últimos autores han circulado en selectos circuitos de distribución, la obra de Ghibli, fundamentalmente de Miyazaki, ha gozado de una difusión inimaginable hace tan solo 20 años.  Por un lado, porque en los circuitos comerciales la animación se diseña como un medio exclusivo para niños y, por otro, porque el mercado norteamericano tiene copada la distribución en las grandes salas.

A medio camino entre la narrativa miyazakiana y el cine de animación de los márgenes se encuentra Tomm Moore. Con tan solo dos películas a sus espaldas, el director irlandés ha logrado convertirse en uno de los animadores más importantes del panorama actual, con una obra todavía muy reducida pero con una gran coherencia y una puesta en escena portentosa.

“Me encanta la manera en la que Miyazaki insufla a sus películas una cultura humanista. Trasmitir una identidad cultural irlandesa hablando, al mismo tiempo, de temas universales era uno de los retos de esta película”.

Con su segundo largometraje, La canción del mar (Song of the sea), Moore retoma el entramado de la mitología celta irlandesa, expuesto en El secreto del libro de Kells (2009), y nos deleita con un relato sobre el dolor, la pérdida y la memoria colectiva. Sin embargo, al igual que ocurre con la obra del realizador de El viaje de Chihiro, los temas desarrollados por Moore son universales, a pesar de estar circunscritos a la geografía irlandesa.
La comparación con el veterano autor japonés es indiscutible y el propio Moore reconoce su influencia: “Me encanta la manera en la que Miyazaki insufla a sus películas una cultura humanista. Trasmitir una identidad cultural irlandesa hablando, al mismo tiempo, de temas universales era uno de los retos de esta película”.

Un prodigio de composición

Con todo, el universo del animador irlandés tiene una identidad propia muy definida, marcada por un estilismo sumamente atractivo y hermoso, surgido de su estrecha colaboración con el director artístico Adrien Mérigeau. Para su segunda incursión compartida, ambos creadores se han inspirado en el yacimiento arqueológico de Newgrange y en los monumentos megalíticos de Irlanda, confiriendo a las formas circulares un peso primordial en la composición de los encuadres.

Igualmente destacable es el diseño de los personajes y el uso del color, utilizado con gran maestría para reflejar la psicología y los estados emocionales; todos ellos elementos ya apreciables en su ópera prima. No obstante, uno de los elementos más reseñables de su estética es su uso de la perspectiva o, más bien, de la ausencia de ésta, hecho que le permite jugar con la apariencia de los objetos a la usanza de la pintura románica. Cada fotograma se convierte en un cuadro sumamente trabajado para transmitir visualmente toda la belleza de la cultura celta.

En manos de Tomm Moore, la historia de Ben –un niño de diez años que debe enfrentarse al dolor de haber perdido a su madre- adquiere una gran profundidad de matices. Su colaboración con el escritor irlandés Will Collins ha sido proverbial en este sentido, ayudando al cineasta a pulir completamente las imperfecciones de guion de El secreto del libro de Kells.

El desarrollo psicológico de los personajes es espléndido, y la dualidad ofrecida para perfilar la personalidad de los adultos a través de personajes espejo subraya la intención didáctica y la astucia narrativa del tándem Moore-Collins. Así Macha, Mac Lir y el Gran Shanakee no solo permiten al niño protagonista redescubrir sus raíces culturales, sino que le ayudan a entender el sufrimiento que están atravesando las personas más importantes de su entorno cotidiano: su padre y su abuela.

En definitiva, La canción del mar es un magnífico canto de amor a Irlanda y una hermosa reflexión sobre la necesidad de afrontar el dolor y aceptar la pérdida. Humanista, bellísima y entrañable, esperamos que esta fábula infantil logre que los próximos proyectos del Tomm Moore gocen de una distribución comercial más amplia, profundamente merecida.

Ficha Técnica

La canción del mar

Dirección: Tomm Moore 

Guion: Will Collins, Tomm Moore 

Dirección artística: Adrien Merigeau 

Montaje: Darragh Byrne 

Música: Bruno Coulais en colaboración con Kíla 

Doblaje original: David Rawle, Brendan Gleeson, Fionnula Flanagan, Lisa Hannigan, Lucy O’Connell, Jon Kenny

Duración: 94 minutos  D

istribuidora: Karma

Público adecuado: Todos

Song of the sea, Irlanda, Luxemburgo, Bélgica, Francia, Dinamarca. Estreno en España: 8.5.2015

Reseña Panorama
s
Laura Montero Plata
Doctora en Historia del Cine, Animación Japonesa y Cines de Asia Oriental