La casa de la alegría: Vaya agobio de «society»

El soporte literario de esta aseada película de Terence Davies, prestigioso director británico de 47 años, es una novela de la escritora neoyorkina Edith Warthon (1862-1937). La casa de la alegría cuenta la historia de Lily Bart, una joven de la alta sociedad neoyorquina venida a menos, que se niega a celebrar un matrimonio de conveniencia y que tampoco acepta la vida que le ofrecen otros de sus pretendientes. Lily, una mujer muy sensible, no puede mantenerse económicamente. Sus sueños de autonomía no pueden cumplirse, porque el sistema impide que una mujer permanezca soltera si quiere mantener un buen nivel social.

Lily no puede salir de la casa-cárcel en la que vive, que es la alta sociedad de Nueva York, con su provervial carga de materialismo y supercialidad. Esencias de superficialidad, exquisitez, crueldad, prejuicios y egoísmos completan el cuadro. La película recrea la frustración de la atrapada Lily, un trasunto de Wharton, que se crió en ese ambiente implacable que abandonaría cumplidos los 45 años, para establecerse en París en 1907, y regresar tan sólo una vez para recoger el Pulitzer. En La casa de la alegría se critica con saña ese mundo exquisito, frívolo e indolente en el que se vive para la apariencia, y donde el amor poco o nada tiene que ver con el matrimonio.

La casa de la alegría (2000)
La casa de la alegría (2000), de Terence Davies

La edad de la inocencia, la novela más conocida de Wharton, gano el Pulitzer en 1921 y fue llevada al cine por Martin Scorsese, en una versión que encandiló a unos y dejó bastante fríos a otros. Antes de enjuiciar la película de Davies -que en 1995 adaptó La Biblia de Neón de Kennedy Toole– conviene advertir que Wharton no es James, ni Chejov, ni Austen, ni Scott Fitzgerald, ni Lampedusa, ni Giono. Con esos escritores comparte acercamiento y análisis de mundos decadentes y colapsados, cerrados y asfixiantes. Pero Wharton, aunque poseedora de un prosa elegante y precisa, resulta pesadita, previsible y académica.

El esmerado diseño de producción y la dirección artística brillan gracias a un ritmo deliberadamente pausado, tedioso y opresivo. En fin, las acertadas interpretaciones de la célebre protagonista de Expediente X arropada por muy buenos actores hacen de La casa de la alegría (presupuesto 13 millones €) una película de buen nivel, aunque quizás su temática haya perdido vigencia y falte calado y recorrido en los personajes, que parecen congelados por la gélida mirada de la Wharton. Puede que por esta suma de motivos la película llegue con retraso, después de su paso por el Festival de Valladolid en octubre de 2000.

Ficha Técnica

  • País: Reino Unido (The House of Mirth, 2000)
  • Fotografía: Remi Adefasarin
  • Montaje: Michael Parker
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Reseña
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Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor